Anomalías en la acera
Mayo 23, 2007 por mermeladek
En un lugar de la acera de cuyo nombre no me acuerdo, había sentado, un mendigo que mucho pedía pero nada recibía. En otro tiempo, se decía de él que era un manitas pintando pero ahora se encontraba en el paro sin nadie a quien pintar un paisaje o un rostro.
Tal día, com tal semana de un mes de algún año de este siglo y en este planeta, a tal pedigüeño le cayó del cielo con toda su inercia, una mosca gigante. ¡Cual fue el susto! del pobre hombre en ver ese insecto de tan colosales dimensiones aparcar junto a su chabola de suelo de adoquines y techo de aire. Se acercó temeroso, ante tal horripilante escena, y en medio del gran caudal de personas que transcurrían por la acera el bicharraco le murmuró en la oreja.
— Señor humano acerquese por favor. Sí, sí, no se asuste, me encuentro herido y no creo que tarde mucho en morir —le dijo con un tono de voz muy ronco propio del que se queda afónico—. Debo pedirle que me hagas un favor. A pesar de mi aspecto provengo de una civilización muy avanzada y me han enviado para encontrar el tesoro que se oculta debajo de vuestra ciudad justo en esta calle. Usted, que se le ve humilde tiene que ayudarme… ¡arf, puaj!
Estaba agonizando, así que el vagabundo decidió que mejor era rematarlo para que no sufriera más con un spray antimoscas.

Con el corazón en un puño al ver sido testigo de una muerte tan dolorosa y en directo, se prometió que no podía quedar así y que vengaría al breve amigo que había tenido… ¡empezando por encontrar el tesoro!
Cogió su pala y excavó y excavó, hasta que de un golpe rebanó un conglomerado de baldosas. Pero nada.

Por amor de madre, que arrancaría todas las de la calle hasta encontrar las gemas, monedas o lo que fuera. Para su sorpresa debajo de su ciudad no había tan solo tierra y polvo sinó que tras cada excavación encontraba algo diferente.
En una de esas que le salió una foca:

Un martes descubrió un mosaico romano. Bahhh, “¿donde estaba el tesoro?” se quejaba él.

Como tenía mucha sed de tanto trabajar, se fue al pueblo de las moscas gigantes y, como no, las Coca-colas también lo eran. ¡Tendría para al menos una semana entera de líquido negro!

Incluso en una ocasión, obcecado en encontrar lo que la mosca había insinuado, excavó tan profundo que llegó al otro lado del mundo. Menudo revuelto se montó cuando los de las antípodas querían ahorrarse el viaje de avión para visitar esta metrópolis.

En otras se topó con las tuberías del agua:

Siguió y siguió siempre encontrando de todo excepto el tesoro:


Hasta que al final un niño acompañado de su madre, le tiró una moneda de 2 €. El limosnero le preguntó por qué pero tan solo se rieron y continuaron la marcha. Cual fue su sorpresa al girarse y observar el estado de sus excavaciones. Estas se habían distorsionado hasta tal punto que eran irreconocibles.




Ahora era él el que sonreía. Por fin había descubierto su tesoro. Como no, sintió vergüenza por haber renegado en su pasado de su honorable oficio como pintor. A partir de ahora dejaría que los otros vieran el tesoro de la mosca y él solo recogería las monedas que le tiraran. Porqué el verdadero negocio se encontraba en esta calle en esta ciudad y estaba en sus manos.

Para más información: http://users.skynet.be/J.Beever/index.html
julian beever


q bo nil!
ja em diras quin és el carrer del tresor i et tiraré alguna moneda de les q trobi
Uolas!!!
Por monedas no te canses. Per ejemplo en cafés las acepto todas.
¡Para mi el dibujo más sorprendente es el que se lanza al mar desde el trampolín!
Gracias por el comentario. Siempre hace ilusión!! Jejejeje.
Nil