Esos canallas de negro
Mayo 25, 2007 por mermeladek
Corrían rumores de que desde el gobierno se exhortaba a las televisiones para que crearan alguna serie de ficción sobre funcionarios penitenciarios con el fin supremo de popularizar tales oficios. Porqué si hacemos caso a lo que sucedía con los matasanos, los patrulladores de la ciudad o los escudriñadores de noticias, pasa que al ponerlos en antena estas profesiones se hacían más populares.
Como ha pasado con el cambio climático, como pasará con los bosques cuando no queden más que simples racimos de hojas quemadas, como ha ocurrido con las corruptelas, como ocurrirá cuando no dispongamos de atún en el plato y un sinfín de simplezas más, hasta que uno o algo no sale a la palestra mediática no se le presta la atención debida. Porqué nosotros, monos de impulsos espasmódicos y teóricamente racionales, hasta que no vemos la rama del árbol a punto de darnos en los morros no reaccionamos.
Escribía yo estas líneas pensando en un oficio que auyenta cumplidos y atrae las críticas como ninguno. Los que trabajan en esto tienen todo mi respeto ya que deben superar con holgura como la mitad de los diarios les ponen en rankings para así ahorrar el esfuerzo de los lectores a pensar a quien deben lanzar el tomate.
Además como decía el colega Eto’o corren como negros. Porqué ellos van constantemente de luto vestidos en rígido chándal negro. El luto hacia sí mismos por el hecho de tener que aguantar tamaña profesión. A veces estando en casa y escuchando las ondas, debido a mi sentido masoca, intento ponerme en la piel de sus labores y se me ponen los pelos en punta de oír los comentarios.
Estoy hablando de los arbitros. Tipos jovenes o no, normalmente atletas y de vez en
cuando también fondones, que se dedican a recorrer el campo arriba-abajo en busca del grial de la falta perfectamente pitada. No obstante, tal grial nunca lo encuentran en general y lo que sí reciben son abucheos del público, insultos a regañadientes de los jugadores en los mejores casos y comentarios contradictorios y siempre negativos de los comentaristas.
Ante tales condiciones es pequeña mi extrañeza cuando leo que sus hijos han sido insultados en el colegio solamente. Lo verdaderamente raro es que el pueblo que asiste a los circos romanos actuales, los estadios para que nos entendamos, a gritar a sus gladiadores, no les dé por ahorcar o aguillotinar los señores del pito en la boca.
Me divierte de sobremanera por decirlo de algún modo, los comentarios que me llegan de los intermediarios de las ondas FM. Su lógica es cuanto menos extraña. Según estos, el fúbol dispone de 90 minutos de juego en los cuales, el primer cuarto de hora es libre para cometer todo tipo de faltas. Ojo el capullo vestido de soso negro que intervenga y saque una targeta amarilla en esos instantes. Da igual que un jugador haya entrado con el puño por delante o con el pie a lo Bruce Lee. Quien ose atajar la barra libre de ostiazos en el campo, es digno de ser crucificado por estar cortando el juego y atemorizando a los jugadores: personas asustadizas que merecen los mayores cuidados.
Porqué claro, donde se ha visto que alguien al que pagan por impartir justicia en el campo, se atreva a señalar targeta en vez de falta. La culpa es suya desde luego por no haber sido mutante y disponer de 3 ojos más esparcidos por su cuerpo.
Recuerdo algún de esos partidos en que se llegaban a pitar 5 amarillas y 3 o 4 de rojas. Ya podía ser el coco pelado de los anuncios o un arbitro de tercera dimensión. De allí no podía salir con los miembros atados al cuerpo. Daba igual que dentro del campo estuviera jugando camuflado el come-orejas de Tyson, y en el equipo contrario, el flipado de Van Dame dando patadas al aire en camara lenta. El arbitro nunca debería mostrar más de 2 rojas. Es preferible que se maten los jugadores a mordiscos. Eso sí, sin que lo note el público. Porqué sinó vaya tiparraco ese que es tan blando que para no poner en aprietos a nadie, deja que ellos se solucionen sus problemas.
Esperemos que algún día se dignifiquen a estos chavalotes. De mientras nos podemos conformar con algunos intentos.


Esto es un árbitro que entra en un campo de fútbol y ve a todos los espectadores con una escopeta en la
mano. El árbitro le pregunta a un hombre: ¿Por qué va todo el mundo con una escopeta? El hombre le
responde: Es que cuando gana el equipo lo celebran disparando hacia arriba. Y el árbitro vuelve a
preguntarle: y cuando pierden, ¿qué hacen?
El hombre le responde: !!Nada, todavía no se ha dado el caso!!
Jajaja,
Parece que lo tuvieras en la recamara preparado para la ocasión.