Pequeños grandes placeres
Octubre 29, 2007 por mermeladek
En lo que uno llama la vida, entiendase desde que su memoria empieza a guardar recuerdos hasta el día en que conscientemente nuestra mente deja de carburar, las personas pasamos buenas y malas épocas. En general esas llamadas épocas, mi infancia, mis años en el instituto, mi época universitaria, el romance de ese verano, el año que viví después de la muerte de mi padre, el día y los que vendrían después de marcharme de mi casa, la crisis de los 30, y así hasta llegar a a la soledad o al jubilo del tiempo libre en la tercera edad, forman grandes bloques en nuestro cerebro y son recordados en gran parte a pesar de sufrir un pequeño desgaste por el discurrir del tiempo. Sin embargo, están destinados a perdurar durante mucho tiempo en nuestro más inconsciente consciente.
Pero hoy no quiero indagar más en esos temas de estado en nuestras mentes, porqué ya de por sí son ampliamente rescatados en varios días del año parar decirnos que son parte de nuestra existencia. Hoy quiero ir a lo efímero, a lo olvidable, a lo etéreo… pero placentero.
Imagínense, después de un día de mucha lluvia con nubes grises, han llegado cansados a casa y no les apetece hacer nada, entonces alguien a quien darían las gracias enciende el fuego del hogar, están tan cansados que se duermen en su sofá mientras el fuego se aviva y chispea echando rescoldos. En nuestras retinas de un sueño soporífero se aviva la imagen rojiza de las llamas incandescentes mientras éste nos caliente la húmeda cabellera proveyendonos de una energía que nos calienta lo más profundo de nuestro ser. Entonces adormecidos pero despiertos al mismo tiempo, por el rabillo del ojo observamos una figura, nuestra novia, nuestra madre o nuestro padre que nos acolcha con una aterciopelada manta. Nos sentimos protegidos, regocijados, percibimos las últimas delicadas gotas de lluvia que caen a fuera a lo lejos como aprisionadas en el cielo abierto. Ya por último caemos en un bello y profundo sueño no sin antes, pensar y olvidar casi al mismo tiempo, que este es un placer por el que vale la pena vivir una vez
O que me dirán del perderse en un monte, cerca de un pueblo rural, donde la vida se nace, crece y muere a cada ángulo de nuestra vista. Los malas hierbas se alzan como la plebe por donde quiera que sea que no hay señor árbol que las vigile, creando pastos de verdes mantos donde nadar y poder embadurnarse de sus tallos verdes llenos de viva sabia. Las flores, a veces blancas, a veces amarillas y a veces de múltiples colores son vapuleadas por el viento que asoma en las afueras del municipio. Hay árboles, quien sabe si milenarios, con cortezas marcadas por el paso del tiempo. El Sol se empieza a poner donde se levanta un oscuro y espeso bosque. Los rayos bermejos inundan el cielo dejando algunas tacas de difuminado azul. Los últimos insectos se refugian de la noche y los pájaros emiten los últimos cantos del día. Las nubes son caprichosas, forman extrañas figuras en el horizonte. El ambiente es inundado por una nostalgia que
no sabemos definir ni especificar. A lo mejor nos revitaliza esos recuerdos heredados por nuestros más antiguos antepasados que se resguardaban en cuevas y no conocían dos noches en el mismo lugar. Ellos podía sentir cada atardecer, el frígido viento del Este descabellarles los peinados inexistentes y los gritos de esos lobos que un día existieron y avivaron en el alma de cada ser humano creencias místicas.
Pequeños placeres que nos cuentan lo bello de la vida a pesar de ser todo un gran adjetivo subjetivo. Yo digo otro, el soñar despierto con la oscuridad que nos atenaza encima de nuestras cabezas. Mirar mientras reposamos cerca de un pozo donde oímos una gota cada tanto tiempo chocar contra el agua a 20 metros de profundidad. Lo profundo, lo lejano, nos recuerda que ínfimo somos, cuanto hay por descubrir. Levantamos nuestra mirada y lejos del ruido de las ciudades y de las cegadoras farolas, observamos las majestuosas estrellas que no entienden de constelaciones. Luz proveniente de tan lejanas galaxias, o a lo mejor universos, que no somos capaces de comprender ni explorar porque seguimos atados en este diminuto y esférico mundo leal a la ley de la gravedad. Nuestra mente se expande, nuestra imaginación divaga y nuestro corazón se ensancha.
Son infinitos, placeres que nacen a nuestro lado y si no nos apresamos, si no somos astutos, se escapan vaporizados por nuestra ceguera. Estos convierten nuestra vida en algo por lo que vale sobrevivir, aunque no perduren en nuestra memoria como grandes épocas ni momentos. Así al menos podemos repetirlos uno y otra vez sin peligro a cansarnos.
¿Y cual es tu pequeño gran placer?
Yo cómo propietario de este blog me permito la licencia de añadir unos cuantos más, ¿lo superas?
- Ya sea tomandose una copa de vino, fumandose un cigarro, un puro o un porro. En esos precisos instantes en que empezamos a percibir los efectos de euforia, excitación, de placer o de calma son momentos mágicos. A pesar de que la causa, o mejor dicho las sustancias que los causan son ampliamente criticadas en nuestra sociedad, es hipocrita no reconocer que esos precisos instantes de pequeña enajenación no nos proveen de un pequeño gran placer.
- O que decís de los 5 primeros minutos en los que tu vida cambia de rumbo y tu, cómo persona eres consciente de ello. Es el culmen de todo tu esfuerzo, ese que nunca parecía dar frutos acaba en cuestión de segundos, convirtiendoso en algo que se ha hecho realidad. En mi caso por ejemplo, sería cuando estando en la ISU, me dijeron que estaban interesados en que viniera a un lugar de California (que mis allegados ya sabrán) para trabajar, estudiar, etc.
- Ya a nivel muy personal, ese momento en el que uno entra en una sala de cine para ver una película seriamente buena. Jejeje. Cuando con las palomitas en la mano de las cuales no reniego, se apagan las luces y salen por pantalla las animaciones de las compañías cinematográficas. No miento si para mi es un de los momentos de mayor disfrute ya que es cuando sé que por delante me esperan 2 horas enteras donde disfrutar de una buena película, en un comfortable sillón sin nada más con lo que pensar.
- Y los abrazos. Abrazarse con alguien que te importa. Me parecen increiblemente terapéuticos.
Pero mejor acabo aquí y dejo que aportéis vuestro granito de arena…


Uno de mis pequeños grandes placeres: volver a casa en coche con mi familia desde la casa de la sierra y, con los ojos cerrados, disfrutar del sol a través del cristal un domingo por la tarde. Rodeada de la gente que más quiero, caldeándome cuerpo y mente, mientras recuerdo qué hice el fin de semana o esa historia que, por más que reescriba, nunca estará terminada. Un día, un día…
Jajaja,
Bueno, pues a ver si la terminas y así puedo leerla.
i que me’n dieu de menjar cireres? o xocolata? mmmmmmmmmm….
Tengo que reconocer que te acabo de encontrar y llevo leídos ya varios post (y no de los pequeños precisamente) y seguramente seguiría leyendo de no ser por el trabajo.
Me ha gustado leerte, esto como inciso jajaja.
En cuanto a los placeres que dices creo que coincido contigo en todos los que has mencionado. Siempre pienso que es dificil encontrar a un hombre que sienta esas cosas, pero sí, sí que los hay.
¿Un placer? ¿Y qué placer más increible hay en este mundo que descubrir que la persona que quieres te quiere a ti también? Y no me refiero al de una pareja ya formada, que también. Me refiero a ese primer contacto, a esa primera mirada, esa primera sensación de: Dioossss, yo también le gusto!!!
Luego puede que todo salga mal, que haya problemas, que nunca acaben juntos, pero solo por ese momento vale la pena seguir.
Vaya rollo te soltao!! jajaja Muchos besitossss!
Hola Fifi,
Encantado de tenerte aquí,
Pues la verdad es que tu comentario es el mejor piropo que le pueden echar a un bloguero.
El placer que has comentado, bueno, cuanta razón tienes. En realidad estuve a punto de escribirlo pero por algunos motivos X decidí abstenerme, jeje. El momento en que descubres que el otro tb le interesas es inmensamente mágico cómo tu has dicho. Aunque a decir verdad para mi el momento está un poco después de esa primera mirada, no porqué no sea mágica, que lo es, sinó porque no sabes hasta que punto es producto de tu imaginación, lo cual frena esa misma sensación. Para mi el muchas veces punto culminante es cuando besas a esa persona que te gusta. Llámame terrenal.
Anna: quanta raó tens! es que n’hi ha molts en aquesta vida, jejeje.
Para mi, uno de los grandes placeres es estar en la parte más alta de la montaña rusa…y empezar a caer! xD esa mezcla del sonido del aire, la sensacion de vacío en el estomago, mas la percepción de que todo puede acabar en un momento…pues no tiene precio…
Uolas Anais!
El tuyo he de reconocer que es de los más originales. =)
Realmente no lo incluyo entre los míos ya que nunca me ha gustado demasiado el tema montañas rusas. Un trauma de esos que tengo q superar… XD
Para mi sentir el sol en la cara es de las mejores sensaciones del mundo!! y mas si ademas estas en alguna playa desierta… tengo momentos asi grabados en mi mente, el agua cristalina, el horizonte mas alla y el sol dandote energia como si fueras una placa solar!! jaja… es genial!
Uolas!
Pozi, cuanta razón. No sé que hay en el Sol que todos pensamos en él. Jejeje. Siempre que nos achicharremos.
Un pequeño gran placer diario: Acabar la jornada laboral :). Simple, pero a todos nos gusta que llegue ese momento para dedicar a nosotros mismos.
Pequeños placeres mmmm…
Me encanta respirar el aire del mar Cantábrico, es increible cuando estás en el Cabo Peñas de Asturias.
Pasear sola por las ciudades, descubres cosas y personas muy interesantes que antes habían pasado desapercibidas…
En general, cualquier cosilla que me saque de la rutina o como decía Amelié, hundir la mano en sacos de legunmbres ^-^ que da un cosquilleo…
¡Un post genial! Muchas veces nos olvidamos de los pequeños placeres que dan color a la vida.
¡Un saludo ;)!