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Archive for 31 mayo 2007

Leyendo en el día de hoy las noticias sobre el paseo espacial de Fiódor Yurchijin y Oleg Kótov en El Pais o en El Mundo, he recordado las experiencias que tuve el placer de escuchar por boca de Jeffrey A. Hoffman en la Universidad del espacio.

El tipo en cuestión, al que recuerdo sin bigote y del cual me ha costado un buen rato encontrar información suya a través de Internet porque solo recordaba que había sido uno de los tipos con más vuelos en el espacio, fue invitado a dicha universidad junto a otros colegas de profesión. Como por ejemplo el primer taikonauta chino (Yang Liwei) o la primera mujer astronauta japonesa (Chiaki Mukai). Así hasta llegar a un total de 7 astronautas/cosmonauta/”espacionautas” que los que asistimos al Summer Session Program de 2006 tuvimos la suerte de encontrar.

Como breve inciso decir que del el taikonauta guardo el recuerdo de un chino que no podía moverse ni charlar sin su traductor, que durante su clase (o discurso) no improvisó nada, que estaba totalmente controlado y censurado por el régimen chino (a través de su traductor) y además que su nivel de conocimiento no se podía comparar con cualquiera de los otros viajeros espaciales del resto de países. En realidad su suerte había sido la de ser un excelente piloto de cazas y haber estado en el momento adecuado en el sitio adecuado. Por otro lado, guardo el recuerdo de la astronauta y doctora japonesa como una mujer tremendamente ilustrada, humilde y muy simpática que nos enseñó las cuatro cosas básicas sobre medicina espacial y cómo afecta el espacio al sistema cardiovascular, de una forma excelente.

Volviendo al tema, la cuestión es que Jeffrey Hoffman, decidió quedarse unos días más que el resto de “exploradores espaciales”, para dar una charla sobre el Hubble y sus grandes descubrimientos a aquellos que quisieran.

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Es el sector espacial un sector por el cual siento una gran atracción. Desde la parte más esotérica como podría ser el Universo en su globalidad, hasta las pequeñas virguerías que hacemos los humanos aquí en la Tierra intentando despegarnos de este barco sin rumbo llamado Tierra que surca el medio interestelar.

Dentro de esta lentejuela de satélite que orbita tercamente el Sol nos hallamos nosotros: las plantas, los animales… y los humanos. Siempre ahí preocupados por nuestros quehaceres diarios, que si una guerra en este país, que si ahora yo soy una potencia mundial, que si ahora tu me has invadido, que si mi Dios es más guapo que el tuyo, que si yo soy mejor produciendo renta por capita y todas esas cosas que nos sabemos de sobra. ¿Y todo esto que pinta? Pues nada. Pero yo divago al son de mis dedos, que me divierte mucho.

Quería llegar yo a una curiosidad que habita en esta red de bits y de pares de cobre trenzados. Second Life, al que algunos ya quieren jubilar, pero que ha sido motivo de mucha noticia, se trata de una comunidad 3D (que percibimos en nuestra pantalla 2D) donde la gente puede imitar todas esas cosas de la vida real y en algunos casos parecerse más al estereotipo que marca la época. Cada usuario debe crearse un muñeco con el que interactuar dentro de este mundo que dispone de muchas de las cosas que disponemos en nuestras ciudades: tiendas, bares, universidades y un largo etc.

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Corrían rumores de que desde el gobierno se exhortaba a las televisiones para que crearan alguna serie de ficción sobre funcionarios penitenciarios con el fin supremo de popularizar tales oficios. Porqué si hacemos caso a lo que sucedía con los matasanos, los patrulladores de la ciudad o los escudriñadores de noticias, pasa que al ponerlos en antena estas profesiones se hacían más populares.

Como ha pasado con el cambio climático, como pasará con los bosques cuando no queden más que simples racimos de hojas quemadas, como ha ocurrido con las corruptelas, como ocurrirá cuando no dispongamos de atún en el plato y un sinfín de simplezas más, hasta que uno o algo no sale a la palestra mediática no se le presta la atención debida. Porqué nosotros, monos de impulsos espasmódicos y teóricamente racionales, hasta que no vemos la rama del árbol a punto de darnos en los morros no reaccionamos.

Escribía yo estas líneas pensando en un oficio que auyenta cumplidos y atrae las críticas como ninguno. Los que trabajan en esto tienen todo mi respeto ya que deben superar con holgura como la mitad de los diarios les ponen en rankings para así ahorrar el esfuerzo de los lectores a pensar a quien deben lanzar el tomate.

Además como decía el colega Eto’o corren como negros. Porqué ellos van constantemente de luto vestidos en rígido chándal negro. El luto hacia sí mismos por el hecho de tener que aguantar tamaña profesión. A veces estando en casa y escuchando las ondas, debido a mi sentido masoca, intento ponerme en la piel de sus labores y se me ponen los pelos en punta de oír los comentarios.

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En un lugar de la acera de cuyo nombre no me acuerdo, había sentado, un mendigo que mucho pedía pero nada recibía. En otro tiempo, se decía de él que era un manitas pintando pero ahora se encontraba en el paro sin nadie a quien pintar un paisaje o un rostro.

Tal día, com tal semana de un mes de algún año de este siglo y en este planeta, a tal pedigüeño le cayó del cielo con toda su inercia, una mosca gigante. ¡Cual fue el susto! del pobre hombre en ver ese insecto de tan colosales dimensiones aparcar junto a su chabola de suelo de adoquines y techo de aire. Se acercó temeroso, ante tal horripilante escena, y en medio del gran caudal de personas que transcurrían por la acera el bicharraco le murmuró en la oreja.

— Señor humano acerquese por favor. Sí, sí, no se asuste, me encuentro herido y no creo que tarde mucho en morir —le dijo con un tono de voz muy ronco propio del que se queda afónico—. Debo pedirle que me hagas un favor. A pesar de mi aspecto provengo de una civilización muy avanzada y me han enviado para encontrar el tesoro que se oculta debajo de vuestra ciudad justo en esta calle. Usted, que se le ve humilde tiene que ayudarme… ¡arf, puaj!

Estaba agonizando, así que el vagabundo decidió que mejor era rematarlo para que no sufriera más con un spray antimoscas.

Con el corazón en un puño al ver sido testigo de una muerte tan dolorosa y en directo, se prometió que no podía quedar así y que vengaría al breve amigo que había tenido… ¡empezando por encontrar el tesoro!

Cogió su pala y excavó y excavó, hasta que de un golpe rebanó un conglomerado de baldosas. Pero nada.

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No harían más de 10 años que había terminado, siempre según los libros, la primera revolución de ideas. Mallock, reputado físico e ingeniero, había sido un chico malo durante su carrera anterior al boom. Sus notas, cuando buenas, conseguían rasgar la cota del 7 sobre 10 durante sus estudios, y cuando malas, se hundían en el suspenso. Una vez hubo terminado sus dos carreras, y por consiguiente, su vida bohemia, se enroló en el ejército y más tarde sería seleccionado en misiones de la OTAN. No es de extrañar que sus colegas de profesión siempre lo tuvieran como un tío mentalmente inestable, era lo mucho que podían llegar a entender de un hippie reformado a soldado y después a investigador… fuera de serie. En los primeros 5 años de la pacífica revolución la comunidad científica sufrió un vuelco total en cuanto a la política por la que se regía. Las presiones, y sobretodo el dinero, de los lobbies dejaron de condicionar la investigación y desarrollo que prácticamente siempre miraba en un sentido, prolongar la tecnología que ya existía para mejorarla paulatinamente y así cobrar por cada pasito a los consumidores de este gran mercado capitalista en que se había convertido la Tierra.

Fue en ese momento, cuando las comunidades científicas sustentadas directamente por el dinero que recolectaban los estados, únicas “empresas” del mundo, empezaron a producir ciencia a raudales, desde la pura hasta la más aplicada, pero todas por igual. Apenas duró unos 15 años en total, pero fue suficiente para un nuevo resurgir. La ecología se tomó en serio y la suma de esfuerzos consiguió que muchos de los problemas medioambientales se solucionaran o al menos no empeoraran. Tal hit, tal sopapo de éxtasis humanitario, estaba claro que no podría aguantarse por mucho tiempo. Así lo confirmaba la historia, y por mucho que en un tiempo hubieran existido sabios pueblos griegos que aspiraban al arte y al conocimiento en general, estos estaban condenados a extinguirse por la avaricia innata del hombre. Así que como el mundo ya iba en octava velocidad, la revolución, o Era según algunas opiniones, se derrumbó pasado el decenio y los 5 años de regalo.

Pero entre tal cantidad de imaginativa, a Didier se le quedó grabado en fuego, la explosiva noticia de que la teletransportación estaba a punto de convertirse en realidad. Tal noticia supuso uno de los shocks más fuertes para los que trabajaban codo con codo en el terreno de los movimientos cuánticos de las partículas. Simplemente Mallock había cogido al resto de científicos a contrapie, mientras estos todavía perfeccionaban el método por el cual podían hacer llegar un simple muón a cualquier lugar de la Tierra pero que debido a su corta vida, solo conseguían registrar el evento la mitad de las veces. Mallock, ese genio que se había modernizado en un centro de Corea del Sud, estaba a punto de sacar un paper sobre teletransportación de objetos y… seres orgánicos. Fue entonces cuando Corea del Norte, adalid y amigo de la decadente Unión de Estados Europeos había decidido acabar con el liderazgo tecnológico, cultural y sobretodo político de sus vecinos-hermanos. La guerra, breve pero intensa, estalló, finiquitando la primera revolución.

Didier observaba a su kalashnikov de partículas atómicas. En el mínimo quantum de tiempo físico, lo que se llamaba un tempuón, para que nos entendamos, una millonesima de billonesima parte de un pico segundo, las partículas aparecían en el mismo sitio relativo pero en un lugar diferente, y lo que es más importante, en el mismo estado. Delante suyo, tenía la culminación de su maestro Mallock, el secreto que tanto tiempo había guardado: el teletransportador. Sentía que por fin había llegado a su meta última, la de realizar, y honrar a la maltrecha memoria colectiva que se tenía de Mallock. Además no tendría que argumentar más excusas para poder seguir investigando, ni aguantar los comentarios bajos de sus compañeros que le criticaban por no hacer nada productivo. El aparato en cuestión había sufrido una ligera pero importante modificación respecto al esbozo inicial, la copia del objeto o ser vivo a transportar salía en el otro lado de la habitación, y la original… ¡se mantenía! Esto lo hacía obviamente inútil para el transporte de personas.

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Son pocas las veces en que uno tiene la sensación de encontrarse ante algo muy grande. Cuando eso sucede uno no sabe si eso es así o te encuentras ante un espejismo de colosales estúpidas dimensiones que no deja de ser más que una vuelta de tuerca al lenguaje.

Esa es la sensación que tuve en la primera clase de 1 hora que pude disfrutar del llamado Future Studies. Porque ¡ojo!, en ningún caso estoy hablando de futurología de la cual reniego totalmente, sino de ciencia con lápiz. Todo empezó con mis compañeros de clase, abarrotando la clase principal de la universidad, ignorantes de lo que se avecinaba. Por la puerta entró con parsimonia un tipo digamos, que más bien rechoncho, con unas gafas redondas y el cabello cortado a lo copa. Vaya, que se podía distinguir a lo lejos por su cabello grisáceo y su poca grácil silueta. Ese hombre no era otro que Jim Dator.

Su clase ya fue de por sí extravagante. El señor se presentó a si mismo como que venía de Marte. No había duda, por esta razón tenía tan cultivada figura y un poco de joroba. Se decía el mismo que los de su especie eran como tortugas de la Tierra y por eso su andar era un poco patoso. Como es de esperar ante tales afirmaciones, la clase empezó con todos los índices de atención de cada uno de los alumnos al 200%. Como el tiempo era escaso, simplemente pude entrar en una introducción de lo que eran el Future Studies.

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El otro día, hablando con un sujeto que por lo menos, parece tolerar mis ideas y incluso gusta de conversar sobre ellas, salió el tema de las circunstancias. Decía una frase de Ortega y Gasset, que se le cita mucho y me imagino que por alguna razón será, “yo soy yo y mi circunstancia”.

Como podemos entender, no se refería a que fuera mutante y le colgara una “circunstancia” como si tuviera un rabo. Sino se refería a algo más profundo. En realidad, yo afirmo que tiene toda la razón y para colmo todavía enfatizaría más: Si se me permite citar a un tal Descartes (lo he buscado en el Google) que creo también era bastante conocido en su gremio, yo mezclaría un poco de la sintaxis de su famosa cita, el “pienso, luego existo”, para metamorfoesarla en “mi circunstancia, luego yo“.

Lo que viene a contar la frase es que por sobre de todo, estamos increíblemente condicionados por lo que nos rodea. Hasta tal punto creo tal afirmación, que apostaría que solo un 0,01% de lo que piensan los más ávidos es ligeramente incircunstancial. Y eso siendo optimistas. Por lo contrario, mi amigo decía que no podía creer en tal afirmación, porqué como últimos que somos en la cadena de decisión de nuestro cerebro, está nuestro yo que piensa libremente. Eso me gustaría creer pero simplemente no lo comparto. Y para ahondar en lo que yo creo voy a poner las siguiente preguntas:

  1. ¿Estás a favor de la guerra de Irak? Posiblemente digas no. ¿Acaso los americanos tienen un cerebro distinto?
  2. ¿Aceptas la homosexualidad? Posiblemente sí. ¿Es que antes la gente nacía casualmente represora y ahora ha surgido una ola de genes comprensivos?
  3. ¿Por qué en algunos lugares de España gusta mucho el folclore español y en otros no tanto? ¿Es que se pierde la calidad a medida que uno se mueve en el territorio?
  4. Etc, etc.

Porqué me imagino que no diríamos que depende de donde nazca uno, esa persona tiene una mente condicionada por unos genes diferentes que nos hacen pensar diferente. Es factible que el 90% de los que lean esto, piensen que ellos piensan de una forma bastante objetiva. Sin embargo, esto choca con la realidad porqué al final, la sociedad, el conjunto de personas, acostumbra a tener unas opiniones que dependen muchísimo de donde uno viva y en que momento. Uno puede saber com una probabilidad del 90% por decir algo, lo que un individuo piensa aproximadamente sobre diferentes temas sabiendo tan solo el sitio y el tiempo.

En realidad el pensar, es algo tremendamente exiguo desde mi punto de vista. Incluso el que cree estar pensando profundamente posiblemente esté increíblemente condicionado por lo que ha oído/visto/percibido con anterioridad.

Por eso creo que una definición de sabio, de pensador si quieren, es aquel, que si lo pusieramos en momentos y lugares totalmente diferentes, sus ideas no divergerían demasiado. Pero eso es algo tremendamente difícil porqué no me imagino que ideas tendría yo, de la homosexualidad por ejemplo, si hubiera sido acunado por una civilización alienigena.

Así que cuanto más podemos aislarnos de lo que nos rodea, cuanto más nos alejamos de nuestra burbuja, cuanto más altos miramos y pensamos, más profundo es lo que pensamos. Es algo simplemente inalcanzable, un asímptota en lenguaje matemático, pero el correr en esa dirección nos hace más sabios.

Ya por último, yo recomendaría, que cuando quieran hacer una valoración política, un juicio sobre alguien más, cualquier cosa, antes de escuchar a nadie, piensen por dentro como si tuvieran que descubrir la pólvora o la electricidad. Que les duela la cabeza de pensar y de atravesar murallas que protegen parajes mentales no descubiertos. Cuando crean que han caminado todos los caminos que podían plantearse, entonces ya están preparados para escuchar a los demás y abrazar el inseparable amigo llamado circunstancia.



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