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Archive for 4 diciembre 2007

Carta a un viejo

Cómo dice mi abuelo, un perro viejo muy listo…

No por mucho tempranar amanece más madruga (sic).

Y es que no por quererlo las cosas ocurrirán tal cómo nosotros queramos cuando deseemos, ahí mi ejemplo del proyecto de final de carrera (de fondo). Pero no por eso dejan de ocurrir y es que esto me recuerda que…

No somos tan buenos cuando todo va de cara, ni somos tan malos cuando todo se hace cuesta arriba.

Pero de esto los jóvenes sabemos cómo tanto desconocemos. Nos resulta tan lejano el futuro, una irrealidad tan cercana y tan lejana, que nunca se nos pasa por la cabeza imaginarnos cómo seremos de viejos. A lo sumo un comentario jocoso en alguno que otro debate juvenil, pero casi nunca una ligera meditación. Viene de naturaleza. Somos jóvenes, valientes, no nos asusta lo mortal, hay que luchar para ese futuro infinito…, infinito, ¡infinito carajos!

¿Por qué, sino, luchamos por la paz mundial, por el medio ambiente, por los bosques, por la igualdad?

Por qué soñamos en palpar nuestros resultados, porque se nos hace eterno el día en que nuestra condición de mortales nos ha señalado cómo día final, porqué la vida es un rompecabezas sin solución a solventar, porqué somos la energía de la especie. Porque todo tiene un puñetero origen Darwiniano. Cómo sino iba a sobrevivir la especie sin una juventud cegada por la bravura de la ideología que puede con todo… Cómo iban a llevarse los viejos algo que comer si los jóvenes no lucharan con espada y capote contra la marea de la realidad.

Esa es la razón, ser viejo no entra en la mente de un joven, es algo inabarcable, algo que vendrá en un par de siglos, algo tan lejano que no vale incluirlo en nuestros planes de futuro. Así que para enmendar nuestra laguna de realidad, escribo aquí mi carta…

Hola viejo,

Te escribo esta carta porqué es este el único método que conozco para comunicarme contigo. Vives lejos, en el tiempo, y hasta que la ciencia no revolucione nuestra física, que no ocurrirá, es éste el único método por el que dejarte unos destellos de lo que una vez fuiste. No me malinterpretes, tu eres tu, yo soy yo, somos diferentes personas, a pesar de que la sociedad no lo vea así. Son cosas de la física, si compartes cuerpo eres el mismo. No quiero saber los dilemas que están por venir en los siguientes decenios…, seguramente darán para muchos papers pero esto es otra historia. Si lo senil no se ensancha conmigo, mis neuronas que he estado entrenando por ti, serán capaces de retener parte de mi historia que sí es parte de la tuya. Míralo así: ésto es una carrera de relevos y yo te pasaré lo mejor de mi, las piernas, los brazos y la cabeza. No sé si será un buen regalo para cuando lo leas, pero lo que cuenta es la intención. Al menos eso dicen.

No te preocupes demasiado, tarde o temprano, a no ser que una desgracia me ocurra, existirás. Digamos que yo te alumbraré y con suerte tu me recordarás cómo un antepasado tuyo que fui. Compartiremos mismo cuerpo, así que intentaré cuidartelo. No sé si lo he hecho fenomenal, a veces me dan por comer Donuts de chocolate y he tenido algún que otro accidente importante. Pero considero que en general, mi corazón late con fuerza y todavía le queda su tiempo para que llegue a ti lo mejor posible en este transplante silencioso y temporal.

Tal cómo hacemos todos cuando somos chiquillos o adolescentes y nos preguntamos porqué nuestros padres actúan de determinada manera y entonces decidimos que cuando seamos grandes nosotros no haremos el mismo error… ¡que estupidez! Excepto en honrosas excepciones, si excluimos esos que disponen de una disco duro digno de exposición, la mayoría no acertamos a guardar tal información por mucho tiempo. Se pierde en este sigiloso camino del crecimiento y maduración de nuestra persona, o debería decir cuerpo. Así que para ahorrarme el fallar, al saber que mi cabeza tiende a despistarse, me ahorro el escribirlo en ese soporte tan volátil llamado materia gris. Prefiero el platino de un CD o el negro del chip que mediante sus circuitos es capaz de almacenar media historia de la humanidad.

No sé cómo serás, sólo sé que heredarás. Por esto si acierto es pura casualidad, porqué lo exacto no existe en este mundo. No obstante para ahorrarme el bochorno de describirte ante unos lectores que no son ni de tu generación simplemente te diré lo que desearía que sí y fueras o hicieras.

Viejo, no te encasilles, por favor. Por lo que tanto he luchado no pase contigo. Es descorazonador comprobar cómo excepto unos pocos afortunados, la gente se encasilla. Lo llaman experiencia… ¡Y es verdad! pero hasta cierto punto. Cuando uno deja de pensar el porque de sus ideas, por mucha que sea la experiencia que apunte en un sentido, eso te amordaza. Ya no eres libre, simplemente un trozo de carne humana que ha escrito con tanta fuerza sus ideas en sus neuronas, que ya no es capaz de divergir en un momento dado. Nada es absoluto, valga la contradicción.

Si consigues eso… habrás sobrevivido por mi. El tiempo dirá, tu hijo mío, tu viejo, tu que me robas mi cuerpo y mente si eres digno de mi herencia o acaso un hijo bastardo. Te deseo lo mejor.

Firmado: El tú de 24 años.

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