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Archive for 8 enero 2008

La supremacía humana

(Seguro que algunso de vosotros me curraréis por lo que aquí escribo. No seáis duros. 🙂 )

Si yo me levanto de esta silla en la que ahora estoy sentado y que le digo a usted que se imagine, me dirijo donde yace mi perra descansando y sin mediar palabra le pego una patada ¿Cuál creé que será su reacción?

Ninguna. Cómo mucho se iría dolorida y sin entender porqué la he pegado.

Los animales no pueden respondernos al mismo nivel que nosotros, los humanos adultos. Lo sé, esto nos despierta un sentimiento de superioridad incontestable. A mí me sucede. ¡Qué se levanten los cerdos y vengan a contradecirnos! Pues no, eso no sucederá.

En el 2038 se produce el ansiado contacto. Una raza extraterrestre nos visita. ¡Urra, no estamos solos! Sin embargo nosotros estamos al 10% de su inteligencia. Al principio no sucede nada, hasta que unos cuantos colegas verdes empiezan a ir a sus anchas por las ciudades de los humanos. Van embutido en vestidos reflectantes y en ellos va guardado un pequeño truco, su vestido es un arma temible que no tiene oposición en un simple humano con pistola.

Los huéspedes empiezan a matar algunos especímenes de nuestra raza. No podemos contrarrestar su poder. ¿Son malos? No, sí, no sé sabe. Las comunicaciones con ellos son imposibles. No disponen de lenguaje hablado. No entienden nuestras máquinas. En realidad nuestras máquinas les parecen simples juguetes. Su comunicación es casi instantánea, posiblemente usen la mente. Una conversación que a nosotros duraría 1 hora, a ellos les dura 1 minuto.

¿Merecemos morir? ¿No tenemos derecho a la vida? ¿Acaso no sentimos? Claro que sí responde un humano. El colega verde ni se entera de la pregunta, está en otro nivel.

Esos tipos tan inteligentes verdes ahora son color carne. Los tipos con cara, brazos y piernas ahora son los animales. Ahora somos los seres superiores, nuestro raciocinio cambia, por supuesto que la muerte de un animal no se puede comparar con la de humano.

Para mí ésta es una hipocresía con la que vivimos constantemente. Vivimos dormidos en ella porqué no hay ningún animal que llegue a alcanzarnos a los tímpanos con sus bramidos. Es tal nuestro grado de crueldad que en función de los contactos que tengamos con una raza animal o un espécimen le asociamos un valor mucho mayor. ¿Es un perro? Bueno, su vida vale algo. ¿Es un animal salvaje? Qué nos importa, cortemos su hábitat, plantemos neones y recojamos cubatas.

 

Cómo alguna vez ya habré expresado, nosotros los humanos humanoides con doble título sapiens creemos que pensamos mucho. Nuestra sobreestimada consciencia nos provee de una tarima con la que observar el resto de reino animal. Sin embargo pensamos más bien muy poco. Hacemos que pensamos, pero en la mayoría de casos simplemente repetimos cómo monos (perdón amigo homínido) lo que nos envuelve y lo que absorbemos. No disponemos de la tan cacareada objetividad. Sino porqué las sociedades humanas iban a comportarse de formas tan distintas en lugares y tiempos diferentes. Porqué estamos influidos.

Esto lo digo para advertir de algo muy serio, cuando un humano recibe pocos estímulos, comentarios, opiniones, razones de un bando, su visión se sesga de una forma escandalosa. Por esta razón, en nuestras democracias la propaganda juega un papel vital, porqué los de ahí arriba conocen la tan subjetiva naturaleza humana. Aunque no hubiera propaganda, en la mayoría de polos hay opiniones y estas llegan a la otra orilla.

Sin embargo, con los animales sucede que hay 6.000 millones de humanos opinando desde su tarima y exactamente 0 animales opinando desde abajo. Y es por esto que no dispongo ni de un ejemplo con el que comparar esta situación, porqué no hay situación en nuestra sociedad que un grupo no pueda ni decir “hola, existo”. Extrapolando acierto a pensar que nuestra visión debe y está extremadamente sesgada por la monoopinión: la humana. Simplemente cómo bonos por no poder entablar comunicación a nuestro nivel y estar en obvia desventaja deberíamos restar “diez puntos” de credibilidad a nuestras opiniones.

Leía el otro día en un periódico de tirada nacional que los chimpancés tienen más memoria que los humanos adultos. Era curioso observar las opiniones de algunos lectores molestos por afirmar que nos podían superar en algunas habilidades mentales a… nosotros, la supremacía humana.

 

Posiblemente algunos lectores habrán estado parcialmente de acuerdo conmigo. Pero lo que he dicho no deja de ser bastante políticamente correcto.

Voy un poco más lejos. Todo lo que aquí he expuesto es un preámbulo para intentar desatar algunas ligaduras propias de nosotros, los humanos. Porque no deseamos llegar a límites que nos contradigan en nuestras opiniones o que nos conviertan la vida en imposible.

La raza no es lo que debería diferenciar el valor de una vida o de otra. La supremacía humana tiene claras similitudes con lo que fue y es la supremacía blanca. Pero en este caso, los disgustados –negros, judíos, asiáticos, etc- pueden/podían comunicarse, pueden/podían hablar, pueden/podían expresar su discordia, pueden/podían mirar y veremos/veríamos lágrimas en sus ojos. En realidad la supremacía blanca era una broma comparada con la supremacía humana. Solo observen cuantas razas animales enteras hemos extinguido. Y sin inmutarnos un pelo. Sin que cuando nos levantemos a tomar nuestro café o leche con galletas por la mañana nos tiemble el pulso mínimamente ante tal barbarie. Claro, cómo no se han quejado. Tenemos esta increíble capacidad, que a pesar de nuestra tan citada inteligencia, no somos capaces de ir más allá de donde nos alcanza el telediario.

En realidad, los humanos, nos tomamos la supremacía en el sentido más militar y estricto. Una vida humana aunque sea un feto, tiene un valor incontestable. Por eso se ha creado la palabra “humanidad”, un copyright de que somos verdaderos y nuestra vida está por encima de cualquiera sin el tampón. Es una palabra se deshace en la boca de la que la dice. Siempre está en el lado de los buenos conceptos. No hay nada negativo en ella. Claro está, no sé qué opina el último Dodo que fue extinguido en Australia acerca de la humanidad. Y ni lo sabré.

Cómo decía llevamos esta supremacía al extremo. Un feto o un bebé, en la mayoría de casos tiene menos inteligencia, menos memoria, etc que muchos especímenes adultos de otras razas animales. Sin embargo tiene un salvoconducto, en su frente cuelga la etiqueta <humano>. Y en el código no escrito de todos los creyentes en la supremacía humana sabemos que esto significa que a pesar que su coco esté menos desarrollado que una nuez, su vida es superior a cualquier animal. Porqué sí. Porqué da miedo pensar lo contrario.

Esto concuerda con la extraña manera que tienen algunos de percibir el ecologismo. Un auge fruto de una razón muy simple. El desequilibrio en los ecosistemas acaba repercutiendo en la vida del hombre y aminorando nuestro bienestar. ¡Que le zurren al reino animal y vegetal! Lo que importa es mantener nuestros derechos de autor sobre nuestra raza y que esta no vea atenuado sus dividendos en calidad de explotación de la Tierra. Mientras los currantes, o sea el resto animales y plantas, sigan produciendo el ecologismo no tiene sentido. Claro, cómo decía ellos no hablan, y por lo tanto no existen y no merecen defensa.

Yo digo y afirmo que el barómetro para analizar quien tiene un valor mayor o menor, no debería basarse en conceptos rígidos cómo la raza. El barómetro debería ser para todos igual. Y para todos significa incluso para los animales. Porque ellos no merecen catear y los humanos aprobar el examen sin haberlo hecho.

¡Abajo la supremacía humana!

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