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Archive for the ‘Ciencia’ Category

Leyendo en el día de hoy las noticias sobre el paseo espacial de Fiódor Yurchijin y Oleg Kótov en El Pais o en El Mundo, he recordado las experiencias que tuve el placer de escuchar por boca de Jeffrey A. Hoffman en la Universidad del espacio.

El tipo en cuestión, al que recuerdo sin bigote y del cual me ha costado un buen rato encontrar información suya a través de Internet porque solo recordaba que había sido uno de los tipos con más vuelos en el espacio, fue invitado a dicha universidad junto a otros colegas de profesión. Como por ejemplo el primer taikonauta chino (Yang Liwei) o la primera mujer astronauta japonesa (Chiaki Mukai). Así hasta llegar a un total de 7 astronautas/cosmonauta/”espacionautas” que los que asistimos al Summer Session Program de 2006 tuvimos la suerte de encontrar.

Como breve inciso decir que del el taikonauta guardo el recuerdo de un chino que no podía moverse ni charlar sin su traductor, que durante su clase (o discurso) no improvisó nada, que estaba totalmente controlado y censurado por el régimen chino (a través de su traductor) y además que su nivel de conocimiento no se podía comparar con cualquiera de los otros viajeros espaciales del resto de países. En realidad su suerte había sido la de ser un excelente piloto de cazas y haber estado en el momento adecuado en el sitio adecuado. Por otro lado, guardo el recuerdo de la astronauta y doctora japonesa como una mujer tremendamente ilustrada, humilde y muy simpática que nos enseñó las cuatro cosas básicas sobre medicina espacial y cómo afecta el espacio al sistema cardiovascular, de una forma excelente.

Volviendo al tema, la cuestión es que Jeffrey Hoffman, decidió quedarse unos días más que el resto de “exploradores espaciales”, para dar una charla sobre el Hubble y sus grandes descubrimientos a aquellos que quisieran.

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Es el sector espacial un sector por el cual siento una gran atracción. Desde la parte más esotérica como podría ser el Universo en su globalidad, hasta las pequeñas virguerías que hacemos los humanos aquí en la Tierra intentando despegarnos de este barco sin rumbo llamado Tierra que surca el medio interestelar.

Dentro de esta lentejuela de satélite que orbita tercamente el Sol nos hallamos nosotros: las plantas, los animales… y los humanos. Siempre ahí preocupados por nuestros quehaceres diarios, que si una guerra en este país, que si ahora yo soy una potencia mundial, que si ahora tu me has invadido, que si mi Dios es más guapo que el tuyo, que si yo soy mejor produciendo renta por capita y todas esas cosas que nos sabemos de sobra. ¿Y todo esto que pinta? Pues nada. Pero yo divago al son de mis dedos, que me divierte mucho.

Quería llegar yo a una curiosidad que habita en esta red de bits y de pares de cobre trenzados. Second Life, al que algunos ya quieren jubilar, pero que ha sido motivo de mucha noticia, se trata de una comunidad 3D (que percibimos en nuestra pantalla 2D) donde la gente puede imitar todas esas cosas de la vida real y en algunos casos parecerse más al estereotipo que marca la época. Cada usuario debe crearse un muñeco con el que interactuar dentro de este mundo que dispone de muchas de las cosas que disponemos en nuestras ciudades: tiendas, bares, universidades y un largo etc.

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No harían más de 10 años que había terminado, siempre según los libros, la primera revolución de ideas. Mallock, reputado físico e ingeniero, había sido un chico malo durante su carrera anterior al boom. Sus notas, cuando buenas, conseguían rasgar la cota del 7 sobre 10 durante sus estudios, y cuando malas, se hundían en el suspenso. Una vez hubo terminado sus dos carreras, y por consiguiente, su vida bohemia, se enroló en el ejército y más tarde sería seleccionado en misiones de la OTAN. No es de extrañar que sus colegas de profesión siempre lo tuvieran como un tío mentalmente inestable, era lo mucho que podían llegar a entender de un hippie reformado a soldado y después a investigador… fuera de serie. En los primeros 5 años de la pacífica revolución la comunidad científica sufrió un vuelco total en cuanto a la política por la que se regía. Las presiones, y sobretodo el dinero, de los lobbies dejaron de condicionar la investigación y desarrollo que prácticamente siempre miraba en un sentido, prolongar la tecnología que ya existía para mejorarla paulatinamente y así cobrar por cada pasito a los consumidores de este gran mercado capitalista en que se había convertido la Tierra.

Fue en ese momento, cuando las comunidades científicas sustentadas directamente por el dinero que recolectaban los estados, únicas “empresas” del mundo, empezaron a producir ciencia a raudales, desde la pura hasta la más aplicada, pero todas por igual. Apenas duró unos 15 años en total, pero fue suficiente para un nuevo resurgir. La ecología se tomó en serio y la suma de esfuerzos consiguió que muchos de los problemas medioambientales se solucionaran o al menos no empeoraran. Tal hit, tal sopapo de éxtasis humanitario, estaba claro que no podría aguantarse por mucho tiempo. Así lo confirmaba la historia, y por mucho que en un tiempo hubieran existido sabios pueblos griegos que aspiraban al arte y al conocimiento en general, estos estaban condenados a extinguirse por la avaricia innata del hombre. Así que como el mundo ya iba en octava velocidad, la revolución, o Era según algunas opiniones, se derrumbó pasado el decenio y los 5 años de regalo.

Pero entre tal cantidad de imaginativa, a Didier se le quedó grabado en fuego, la explosiva noticia de que la teletransportación estaba a punto de convertirse en realidad. Tal noticia supuso uno de los shocks más fuertes para los que trabajaban codo con codo en el terreno de los movimientos cuánticos de las partículas. Simplemente Mallock había cogido al resto de científicos a contrapie, mientras estos todavía perfeccionaban el método por el cual podían hacer llegar un simple muón a cualquier lugar de la Tierra pero que debido a su corta vida, solo conseguían registrar el evento la mitad de las veces. Mallock, ese genio que se había modernizado en un centro de Corea del Sud, estaba a punto de sacar un paper sobre teletransportación de objetos y… seres orgánicos. Fue entonces cuando Corea del Norte, adalid y amigo de la decadente Unión de Estados Europeos había decidido acabar con el liderazgo tecnológico, cultural y sobretodo político de sus vecinos-hermanos. La guerra, breve pero intensa, estalló, finiquitando la primera revolución.

Didier observaba a su kalashnikov de partículas atómicas. En el mínimo quantum de tiempo físico, lo que se llamaba un tempuón, para que nos entendamos, una millonesima de billonesima parte de un pico segundo, las partículas aparecían en el mismo sitio relativo pero en un lugar diferente, y lo que es más importante, en el mismo estado. Delante suyo, tenía la culminación de su maestro Mallock, el secreto que tanto tiempo había guardado: el teletransportador. Sentía que por fin había llegado a su meta última, la de realizar, y honrar a la maltrecha memoria colectiva que se tenía de Mallock. Además no tendría que argumentar más excusas para poder seguir investigando, ni aguantar los comentarios bajos de sus compañeros que le criticaban por no hacer nada productivo. El aparato en cuestión había sufrido una ligera pero importante modificación respecto al esbozo inicial, la copia del objeto o ser vivo a transportar salía en el otro lado de la habitación, y la original… ¡se mantenía! Esto lo hacía obviamente inútil para el transporte de personas.

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Son pocas las veces en que uno tiene la sensación de encontrarse ante algo muy grande. Cuando eso sucede uno no sabe si eso es así o te encuentras ante un espejismo de colosales estúpidas dimensiones que no deja de ser más que una vuelta de tuerca al lenguaje.

Esa es la sensación que tuve en la primera clase de 1 hora que pude disfrutar del llamado Future Studies. Porque ¡ojo!, en ningún caso estoy hablando de futurología de la cual reniego totalmente, sino de ciencia con lápiz. Todo empezó con mis compañeros de clase, abarrotando la clase principal de la universidad, ignorantes de lo que se avecinaba. Por la puerta entró con parsimonia un tipo digamos, que más bien rechoncho, con unas gafas redondas y el cabello cortado a lo copa. Vaya, que se podía distinguir a lo lejos por su cabello grisáceo y su poca grácil silueta. Ese hombre no era otro que Jim Dator.

Su clase ya fue de por sí extravagante. El señor se presentó a si mismo como que venía de Marte. No había duda, por esta razón tenía tan cultivada figura y un poco de joroba. Se decía el mismo que los de su especie eran como tortugas de la Tierra y por eso su andar era un poco patoso. Como es de esperar ante tales afirmaciones, la clase empezó con todos los índices de atención de cada uno de los alumnos al 200%. Como el tiempo era escaso, simplemente pude entrar en una introducción de lo que eran el Future Studies.

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