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Archive for the ‘Cultura’ Category

No me ha sucedido una vez, ni dos, ni tres. Es algo común y posiblemente no merezca que se criminalice a los que lo afirman, al igual que no se puede criminalizar al que los ojos se tapa, o al que viajar le cansa. Sin embargo, yo que me defino, no sin cierta vergüenza, cinéfilo puedo sentir como que el mundo está haciendo un agravio al no meter en algunas cabezas el gusto por cierto tipo de películas.

Un tipo de películas, que si bien, seguro no son las más vistas, sí que forman el mayor espectro en cuanto a diversidad. Porque, señores, hay diversidad en este mundo. Al igual que hay negros, mulatos y blancos. O hay perros, gatos y canarios. E incluso, aunque cada vez menos, hay leones, tigres y panteras. En el universo del llamado séptimo arte hay muchos tipos de películas.

No son pocas las personalidades, o las personas que ostentan posiciones importantes, que repiten con ahínco un argumento que me produce dolor de cabeza durante el rato que dura la entrevista. Seguramente se trata de gente que sigue el arte, la moda e incluso va a cenas y degusta exquisitos platos de arroz nitrogenado o gaseados postres de crema catalana, sin embargo son el desierto en cuanto a cine se refiere. Porque no, no admito por demostración al absurdo, y ese absurdo si quieren se trata de mi persona, que una película que no presente o acción, o suspense, o sexo no pueda entretener.

Sin posiblemente pensárselo surgen de entre sus dientes eufemismos, como que uno va al cine para entretenerse y no para pensar. Pero cómo se delatan. Cuando llego aquí mi exclamación es de derivada cero y segunda negativa. Pensar… Escuchen, las películas si no son de acción, suspense o sexo, no significa que pensemos. Una historia lenta de amores imposibles puede ser igual de conmovedora y mi cuerpo no sale exhausto del salón de cine. O cuando voy y tengo el placer de degustar películas tipo “Abre los ojos”, no salgo de allí como si mis neuronas hubieran corrido una maratón.

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En un lugar de la acera de cuyo nombre no me acuerdo, había sentado, un mendigo que mucho pedía pero nada recibía. En otro tiempo, se decía de él que era un manitas pintando pero ahora se encontraba en el paro sin nadie a quien pintar un paisaje o un rostro.

Tal día, com tal semana de un mes de algún año de este siglo y en este planeta, a tal pedigüeño le cayó del cielo con toda su inercia, una mosca gigante. ¡Cual fue el susto! del pobre hombre en ver ese insecto de tan colosales dimensiones aparcar junto a su chabola de suelo de adoquines y techo de aire. Se acercó temeroso, ante tal horripilante escena, y en medio del gran caudal de personas que transcurrían por la acera el bicharraco le murmuró en la oreja.

— Señor humano acerquese por favor. Sí, sí, no se asuste, me encuentro herido y no creo que tarde mucho en morir —le dijo con un tono de voz muy ronco propio del que se queda afónico—. Debo pedirle que me hagas un favor. A pesar de mi aspecto provengo de una civilización muy avanzada y me han enviado para encontrar el tesoro que se oculta debajo de vuestra ciudad justo en esta calle. Usted, que se le ve humilde tiene que ayudarme… ¡arf, puaj!

Estaba agonizando, así que el vagabundo decidió que mejor era rematarlo para que no sufriera más con un spray antimoscas.

Con el corazón en un puño al ver sido testigo de una muerte tan dolorosa y en directo, se prometió que no podía quedar así y que vengaría al breve amigo que había tenido… ¡empezando por encontrar el tesoro!

Cogió su pala y excavó y excavó, hasta que de un golpe rebanó un conglomerado de baldosas. Pero nada.

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