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Archive for the ‘Descubrimientos’ Category

Tranquilos. El título no es una indirecta a lo escueta que es nuestra visión del mundo, la galaxia, el universo o el más allá y el más aquí. Se trata de una entrada de rigurosa investigación científica en la cual os explicaré el porqué de mi afirmación.

En esta era tecnológica estamos la mar de acostumbrados a ver como la palabra 3D (tres dimensiones espaciales) le da un sentido chic a cualquier aparato Gafas 3Do instrumento.

Por ejemplo tenemos los cines 3D o Imax que sólo con oír su nombre nos evocan a películas de 2ª categoría o reportajes de naturaleza más gafas semáforo. O bien tenemos las películas de animación de supuestas 3D que se proyectan en pantallas con un “volumen” de 6 x 3 x 0,01 metros.

Así que voy a señalar lo que todos tenemos cómo postulados inquebrantables en nuestras vidas. Somos entes que vemos en 3D, comemos en 3D, follamos en 3D y vamos al lavabo en 3D. En definitiva somos los dioses del 3D. Nuestro mundo es 3D y nosotros lo dominamos y lo transformamos haciendo que le física (en 3D) esté a nuestros pies: “las dimensiones no se pierden o se generan, todo se transforma en 3D si la humanidad lo desea”.

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Últimamente me estoy superando. Ya llego a actualizar el blog cada cuatro días y encima me digo… “no pasa nada, total, el último finde, contando la noche del domingo y la mañana del lunes, también fueron prácticamente cuatro días entre actualizaciones”.

Pero vayamos al grano. A veces resulta que los abogados son útiles. Al igual que resulta con el dentista, al que no deseamos la extinción, pero evitamos hacer uso de su formación, no es normal que uno vaya a preguntarles. Porque, como ocurre con los dentistas, los hay buenos y malos.

Dicen y yo convengo, que al dentista hay que ir una vez al año. Pues otras tantas ocurre con el abogado. Sí, de acuerdo, OK, vale, ya sé, a mi también me da pudor pensar que incluso el derecho o el deber, en otras palabras la justicia, requiere invertir dinero en ella. Lógicamente no lo digo por mi, que de tener abogado, lo único en lo que podría pleitarme sería en la custodia de mi perra que esperaría ganar de tantos mimos como invierto en ella. Sino que lo digo por la gente adulta, que ya sabe de que tinte se pinta la vida y necesita de maniobras legales para hacer cualquier cosa: vender el coche, las cláusulas de la hipoteca, puñeterías con los vecinos y bla bla.

No negaré que lo que aquí implanto en este blog de pacotilla, estos comentarios de tan alto virtuosismo y mayor pedantería, no estarían insuflados en parte en mi mente subversiva de no ser porque el abogado así también lo veía. Porque aquí es donde yo quería llegar a pesar de lo sinuoso de mi trayectoria. Es ese abogado, el que ahora nos presta los servicios fielmente, el que decía…

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En un lugar de la acera de cuyo nombre no me acuerdo, había sentado, un mendigo que mucho pedía pero nada recibía. En otro tiempo, se decía de él que era un manitas pintando pero ahora se encontraba en el paro sin nadie a quien pintar un paisaje o un rostro.

Tal día, com tal semana de un mes de algún año de este siglo y en este planeta, a tal pedigüeño le cayó del cielo con toda su inercia, una mosca gigante. ¡Cual fue el susto! del pobre hombre en ver ese insecto de tan colosales dimensiones aparcar junto a su chabola de suelo de adoquines y techo de aire. Se acercó temeroso, ante tal horripilante escena, y en medio del gran caudal de personas que transcurrían por la acera el bicharraco le murmuró en la oreja.

— Señor humano acerquese por favor. Sí, sí, no se asuste, me encuentro herido y no creo que tarde mucho en morir —le dijo con un tono de voz muy ronco propio del que se queda afónico—. Debo pedirle que me hagas un favor. A pesar de mi aspecto provengo de una civilización muy avanzada y me han enviado para encontrar el tesoro que se oculta debajo de vuestra ciudad justo en esta calle. Usted, que se le ve humilde tiene que ayudarme… ¡arf, puaj!

Estaba agonizando, así que el vagabundo decidió que mejor era rematarlo para que no sufriera más con un spray antimoscas.

Con el corazón en un puño al ver sido testigo de una muerte tan dolorosa y en directo, se prometió que no podía quedar así y que vengaría al breve amigo que había tenido… ¡empezando por encontrar el tesoro!

Cogió su pala y excavó y excavó, hasta que de un golpe rebanó un conglomerado de baldosas. Pero nada.

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Son pocas las veces en que uno tiene la sensación de encontrarse ante algo muy grande. Cuando eso sucede uno no sabe si eso es así o te encuentras ante un espejismo de colosales estúpidas dimensiones que no deja de ser más que una vuelta de tuerca al lenguaje.

Esa es la sensación que tuve en la primera clase de 1 hora que pude disfrutar del llamado Future Studies. Porque ¡ojo!, en ningún caso estoy hablando de futurología de la cual reniego totalmente, sino de ciencia con lápiz. Todo empezó con mis compañeros de clase, abarrotando la clase principal de la universidad, ignorantes de lo que se avecinaba. Por la puerta entró con parsimonia un tipo digamos, que más bien rechoncho, con unas gafas redondas y el cabello cortado a lo copa. Vaya, que se podía distinguir a lo lejos por su cabello grisáceo y su poca grácil silueta. Ese hombre no era otro que Jim Dator.

Su clase ya fue de por sí extravagante. El señor se presentó a si mismo como que venía de Marte. No había duda, por esta razón tenía tan cultivada figura y un poco de joroba. Se decía el mismo que los de su especie eran como tortugas de la Tierra y por eso su andar era un poco patoso. Como es de esperar ante tales afirmaciones, la clase empezó con todos los índices de atención de cada uno de los alumnos al 200%. Como el tiempo era escaso, simplemente pude entrar en una introducción de lo que eran el Future Studies.

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Como lleva siendo costumbre estas últimas semanas, hoy he venido en coche a la Autònoma. Pero esta vez la responsabilidad sobre la dirección de las 4 ruedas, no recaía sobre mi habilidad al volante, sino que lo hacía en Georgina, amiga de Òscar, “el gay”.

A ellos los conozco de intentar rodar una película de Final Fantasy VII en nuestra bonita y cerrada Vilafranca. Pero esto son las peras y yo quería contar hoy sobre las manzanas.

Òscar y Georgina vienen a diario a la misma universidad que yo, así que de vez en cuando es posible conciliar nuestros horarios para que se entiendan entre ellos y yo pueda añadirme al 206 de Georgina ahorrando en gasolina, peaje y todo esas cosas que la vida moderna, libre, equitativa y del bienestar nos incitan a gastar caballerosamente.

Él va de paquete como no propietario que es, y ella conduce. Eso no es extraño, sin embargo no puedo dejar de pensar que se adecua perfectamente a lo que ellos son. Porque él, gay (que no siempre significa algo), parece tomar el rol femenino y sentarse de co-piloto, mientras que ella mujer agresiva de aparentes ideas claras parece tomar el rol del macho cabrío conductor.

Mientras Òscar recita, a mitades flemático y amanerado, sus cosas de amigo con ella, ella conduce girando en una redonda a escasos centímetros del conglomerado de piedra del bordillo. Eso ya me sitúa en órbita, pero tampoco me resulta nuevo porqué ya la conocía a ella y a su conducción. Pero hoy, que las galletas de chocolate me han hecho más efecto me muestro más reflexivo y me quedo analizándola para mis adentros, mientras dejo que ellos, postrados en los asientos delanteros, hablen de sus jugadas diarias.

Posiblemente la primera idea que infunde su imagen un poco loba al volante, sea la de una mujer que mejor no chocar con ella. Incluso llega un momento, mientras corremos por el 3er carril de la autopista adelantando a todo bicho mecánico sobre 4 ruedas, que el coche de adelante frena porqué hay uno de la guardia civil aparcado inspirando respeto. Ella espeta que como puede hacer estas burradas de frenar sin motivo aún habiendo los polis cerca. Para explicarse un poco, que no justificarse, nos dice que un día un conductor maloliente piso el pedal del freno porque se encontró un espersor maleducado que le escupió desde la mediana.En estas que Georgina me pregunta a que hora termino. Le digo que alrededor de las 7 y me contesta que ella a las 6. ¡Maravilla!, se me acaba de ofrecer para llevarme de vuelta y así ahorrarme el cansino y largo viaje en tren. Añade que me lo dice porqué dije que yo terminaba tarde… Eso da una vuelta más a la tuerca. Yo no creo que le caiga especialmente bien, es a Òscar a quien le pirripo, así que este acto acaba de simbolizar que tiene un sentido de hacer el bien arraigado en su interior. ¿Exagerado? No, porqué de no haberle preocupado demasiado, o haber preferido no volver conmigo, simplemente hubiera esperado a que yo dijera algo.

Pasamos el peaje de Martorell donde yo les ofrezco mi Visa Electron como recompensa a sus servicios y entonces otros detalles. En vez de devolverle la targeta a Òscar a quien yo se la había dado primero para que se la pasase a ella, se gira y me la devuelve a mi directamente. Es justa, sabe quien ha pagado y me honra devolviéndomela a mi a pesar de estar en el asiento del conductor y yo detrás. Empiezo a convencerme que se trata de una tía de principios.

Así que llego a este punto meditando hasta que punto es ella la dueña de sus sentimientos y todo lo que la rodea, o tiene puntos flacos, cuando llega el momento en que debe girar para dirigirse a Bellaterra, sede de nuestra universidad. Yo, que ya pocas esperanzas albergaba de observar un detalle de debilidad observo algo que me hace pensar. Para eso mejor explico primero la morfología del desvío. El desvío es ligeramente a derechas, con lo que si continúas ligeramente a la izquierda sigues hacia Barcelona. Desde el punto de vista del conductor, a uno le parece que si continúa recto se saldrá de la autopista y bajará aceleradamente hacia un semi-precipicio que llega hasta debajo del puente que es el desvío a la derecha. En otras palabras, no hay peligro, pero infunde la ligera idea que un temblor de parkinson en el momento adecuado te llevaría a probar una experiencia desagradable. Sin embargo, para los más temerosos, hay el carril más externo de los dos carriles que se desvían a la derecha que no presenta el problema de hacer sentir a uno que se puede colar por enmedio. Pero normalmente este es el carril de los camiones, y el segundo el carril de los coches y mucho más de los coches farlopados.

Toda esta introducción es para explicar que cuando ella se dispone a girar a la derecha para ir a Bellaterra, en vez de hacer pisar con fuerza las ruedas sobre el asfalto para dirigirse a toda velocidad, como ha hecho hasta ahora, entra ligeramente en el carril externo evitando psicológicamente el elemento peligroso. ¡Aaahhhh!, esto no es meritorio de alguien que coge el volante con fuerza porqué si algo harías en un caso normal, sería arroparte a la parte izquierda donde hay la mínima distancia de la curva, en vez de a la derecha. Tu inconsciente te ha delatado. Pienso que tu armadura de buena mala ostia y de miradas seguras, esconden también, como todo ser humano, un poco de vulnerabilidad.

Con estas llegamos a Bellaterra donde abandono el carro en dirección al IEEC dispuestos a contaros, a primera hora de la mañana, mi descubrimiento. 🙂

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