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Archive for the ‘Desvarío’ Category

De emociones y racionalidad

Es efectivamente el apartado amoroso de gran complejidad. Sin embargo es también, muy a pesar de algún práctico, fundamental en la vida de la mayoría de personas.

A mi modo de entender se puede dividir el enfoque hacia una relación desde dos perspectivas diferentes: una racional y otra más emocional, digamos que más impulsiva. Es este mundo el que me ha mostrado que en general estos dos aspectos varían en función de tres aspectos: la experiencia e intensidad de la vida amorosa de una persona, de su sensibilidad y de su sexo.

Posiblemente como mecanismo de defensa, a más experiencia uno tiende a convertirse en más racional y abandonar su otrora retoña impulsividad para las relaciones. A más sensible la persona, más posibilidades de comportarse de una forma emocional. Esto se explica casi por definición de la palabra. Simplemente cualquier acontecimiento va a ir más directo a las emociones en una persona sensible. En mi opinión la sensibilidad tiene una fuerte dependencia en la inteligencia. Así uno puede proseguir en una cadena de aspectos personales que mejor dejo para los pasatiempos del diario gratuito Metro. Ya por último repercute el sexo. Extrañamente a lo que debería ser, en general las mujeres son más racionales. Es difícil entender porque, habiendo muchas voces que afirman que son emocionalmente más inteligentes, lo que las debería llevar a ser más emocionales. Mi teoría made in casa, me dice que ellas tienen en general una mayor experiencia acelerada en parte precisamente porqué empiezan siendo más emocionales, los que las lleva a aprender con mayor celeridad los secretos del amor racionalizado como mecanismo de defensa. Un ejemplo son las llamadas barreras efectivas que muchas personas levantaban entre ellos y su pareja. Obedecen a la razón de querer obrar una distancia entre los dos, de forma que la posible rotura sentimental no los coja desprevenidos. En otras palabras, cuanto más alta la ascensión de uno en el amor que siente por el prójimo, más fuerte puede ser la posterior caída.

Notar que no tiene porqué haber un relación directa entre ser racional en la vida y en el amor. Además una persona que esté actuando de una forma poco impulsiva en una relación no significa que no pueda cambiar en el futuro.

Independientemente de cuál sea la razón de su mayor o menor grado de racionalidad en el amor, o por lo contrario, irracionalidad; la relación posiblemente sea vea fuertemente subordinada a esta ratio. El individuo más emocional será más franco e irá de cara en una relación. Aunque no sea en palabras, fácilmente mostrará cual es su sentir por la pareja y a su vez le hará sentir que es lo que él desea.

En el momento en que uno se inicia en el juego del amor uno acostumbra a creer, sobre todo si peca de inocencia, que un modo emocional de enfocar la relación va a llevar siempre a buen término. Este momento en realidad puede durar desde un año, varios o toda la vida. Y es que hay inocentes que nunca dejan de serlo, y muy felices que son. Vean por ejemplo las antiguas relaciones donde aquel con el que salían por primera vez acababa convirtiéndose en el esposo/a de por vida. Pero en la actualidad ya no se estila un proteccionismo emocional, cómo en tiempos pasados, donde esto se conseguía mediante la moralidad más carca. Hoy en día, en la era del consumismo, en donde los sentimientos son un juguete más, el proteccionismo emocional ha dejado de existir. En realidad hay un torbellino de relaciones que asola a la juventud y ya no tan juventud, que propagan las relaciones rápidas o de bolsillo en un efecto avalancha. Nada hay de malo desde un punto de vista superficial. Pero esto provoca la propagación de la pérdida de inocencia amorosa. Digamos que los grandes enseñan a los pequeños. Porqué una vez uno ha sido desvirgado de su inocencia, puede caer en la tentación consciente o inconsciente de también desvirgar a todo aquel que todavía la sustenta. En resumen, se produce un aumento de aquellas personas, que afectadas por un o varios colapsos emocionales en el amor, finalmente se vuelven más racionales, o en su versión oscura, en maquinadores.

¿Pero cómo repercute esto, en la relación de pareja? Cómo se decía, el sujeto más emocional pecará de sincero. En los momentos en los que la relación tenga altibajos el más inocente, el más impulsivo, el más emocional, enfocará el problema de la forma más aparentemente racional, valga la contradicción. Pero es que si realmente uno quiere ser racional en el amor, tiene que acordarse de que el amor es un sentimiento egoísta, en realidad tremendamente egoísta. Es decir alguien está con una persona porque le gusta, no porque al otro le guste. A partir del momento en que uno ya no ame al otro, no importa cuán daño sufra la otra persona, porqué la relación se acabará rompiendo. Es en verdad una cuestión de tú o yo. Sin embargo este razonamiento que es un pilar básico para ser racional es omitido en la mayoría de ocasiones y de ahí que tan solo sea aparentemente racional.

Cómo se decía, el amor es egoísta. Por lo tanto cuando uno piensa en cómo solucionar un problema tiene que darse cuenta de este detalle. Si uno actúa de una forma aparentemente racional, o sea inocentemente, le mostrará al otro lo tanto que le quiere, lo cual puede desembocar contradictoriamente en una rebaja de amor por parte de la otra persona.

Los altibajos en el amor provienen de las emociones. Por ejemplo en el momento en que uno cree que su pareja lo va a querer hasta el fin de los días se produce un efecto automático de pérdida de amor del otro. Este efecto que es una ley de vida puede ser o no perceptible, pero existirá. Es la ambición, la esperanza, el deseo, el futuro, etc, lo que mueve en general a las personas ya sean pobres o ricas. Análogamente funciona con el amor. Una vez se ha comprendido este punto es cuando las soluciones de amor también se esclarecen. No hay que atacar al raciocinio, el cual no repercute en lo que siente el otro, sino en las emociones. Una buena regla general, es que toda esa acción que perturbe emocionalmente a la pareja, va a aumentar el amor, y por lo tanto puede que sirva para los posibles problemas. Pero cómo todo, no puede abusarse, o la cuerda se podría romper. Las emociones pueden ser perturbadas de muchas formas, algunas más sutiles, otras más gruesas. Ya sea desde simular una pérdida de interés para el otro, ya sea enfadándose para luego ponerse contento, usando la misma medicina con la que uno ha sido herido. Cómo en todo, uno debe dirimir cuán racional quiere ser y cuán sincero quiere permanecer.

En conclusión el aprendizaje en el amor conlleva a un mayor conocimiento de lo verdaderamente racional: el amor es totalmente egoísta. Sin embargo, a su vez esto lleva a la persona a un deseo para llegar a encontrar algún día esa inocencia de antaño y volver a los orígenes. Y es que en realidad algunos nunca aprendemos…

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Bonjour!!

Saludos cordiales a todos,
Saludos perreones para el resto,
Saludos a ti que estás leyendo ésto. Sabes que te digo: que te saludo.
¿Quien lo diría que te saludo? Pues sí, efectivamente te estoy saludando.
Uno, dos, tres.
¿Sigues ahí? Joder, si has aguantado estas incordiales frases de bienvenida es que eres un lector que no merezco.

Nil, Migue et Andreas

Estaba pensando en qué escribir cuando he empezado a saludarte (¿te he dicho hola no?). A veces me ocurre que hasta que no escribo las primeras dos frases no me empiezo animar. Lo malo del asunto es que a veces nunca escribo esas dos frases. Porque tengo la sensación que tengo que abordar el tema directamente con postín de niño matricula de honor y salir escopeteado en dirección a la frase mágica que os encandile.

Así, que bienvenido, tu honorable lector, posiblemente amigo y sino amigo cibernético y sino transeúnte escurridizo que has aguantado hasta esta línea. Hacía un año en Mercurio que no escribía, fíjate tu.

Siempre estamos suficientemente ocupados o aparentemente ocupados para no criar palabras. Tenía varias excusas a mano. No tecleo bien con el cambio de teclado de francés a español, la ropa sucia empieza andar sola, o acaso, el trabajo me tiene cansado y el cansancio me tiene sin trabajo.

Pero al final, por una y otras razones, empujado por el comentario de una amiga mía en el anterior post, me he posado por un momento a jugar con las palabras. Estaba en mi mundo, jorobado sobre mi, tal cómo un Gollum sobre el portátil, pensando en qué podría escribir y he empezado plasmando esta chorrada que llevas leyendo hasta ahora.

Llegados a éste momento os comento que las conclusiones que se han adentrado en mi iluminándome el camino a recorrer. El ordenador sigo donde está, yo estoy donde estoy y tu estás donde estás. A parte, también decirte que ha surgido una lista en mi la mar de absurda. ¿Qué hace que tenga ganas de escribir?

  1. Inestabilidades. Cuantas más, mejor. El día en que te sientes insultado, el día en que descubres que las alcachofas te gustan, el día en que te parten la cara, todo eso ayuda. Ya sea por adrenalina en tu cuerpo desbocada que tiene que evacuarse de algún modo, aunque sea expresándolo en prosaicos intentos de prosa almidonada en un blog, o ya sea, por desgana, por no saber que hacer más que pegarle al teclado y dejar que los sentimientos fluyan en un diarrea continua sin botón de stop.
  2. Música. La música —mejor si buena— excita algún estado mental proveniente de nuestro abuelo el mono que nos provoca ganas de convertirnos en el rey de la calle, en hacer una performance, asaltar un banco, e incluso, en reflexionar y escribir.
  3. Empezar a escribir. Menuda chorrada que no lo es tanto.

Y ahora aplicando el truco del almendruco propuesto por el autor de Efecte-D os pregunto… ¿Y a vosotros os ocurre lo mismo?

¡Ah! Entre los de la fotos estoy yo. Jejeje.

¡Hasta pronto!

Novedades de gran importancia: he sacado lo del blog del día (el día en que nació Jesucristo) y he visto todas las pelis de Saw y la de Juno en un pack de cine incompatible.

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Carta a un viejo

Cómo dice mi abuelo, un perro viejo muy listo…

No por mucho tempranar amanece más madruga (sic).

Y es que no por quererlo las cosas ocurrirán tal cómo nosotros queramos cuando deseemos, ahí mi ejemplo del proyecto de final de carrera (de fondo). Pero no por eso dejan de ocurrir y es que esto me recuerda que…

No somos tan buenos cuando todo va de cara, ni somos tan malos cuando todo se hace cuesta arriba.

Pero de esto los jóvenes sabemos cómo tanto desconocemos. Nos resulta tan lejano el futuro, una irrealidad tan cercana y tan lejana, que nunca se nos pasa por la cabeza imaginarnos cómo seremos de viejos. A lo sumo un comentario jocoso en alguno que otro debate juvenil, pero casi nunca una ligera meditación. Viene de naturaleza. Somos jóvenes, valientes, no nos asusta lo mortal, hay que luchar para ese futuro infinito…, infinito, ¡infinito carajos!

¿Por qué, sino, luchamos por la paz mundial, por el medio ambiente, por los bosques, por la igualdad?

Por qué soñamos en palpar nuestros resultados, porque se nos hace eterno el día en que nuestra condición de mortales nos ha señalado cómo día final, porqué la vida es un rompecabezas sin solución a solventar, porqué somos la energía de la especie. Porque todo tiene un puñetero origen Darwiniano. Cómo sino iba a sobrevivir la especie sin una juventud cegada por la bravura de la ideología que puede con todo… Cómo iban a llevarse los viejos algo que comer si los jóvenes no lucharan con espada y capote contra la marea de la realidad.

Esa es la razón, ser viejo no entra en la mente de un joven, es algo inabarcable, algo que vendrá en un par de siglos, algo tan lejano que no vale incluirlo en nuestros planes de futuro. Así que para enmendar nuestra laguna de realidad, escribo aquí mi carta…

Hola viejo,

Te escribo esta carta porqué es este el único método que conozco para comunicarme contigo. Vives lejos, en el tiempo, y hasta que la ciencia no revolucione nuestra física, que no ocurrirá, es éste el único método por el que dejarte unos destellos de lo que una vez fuiste. No me malinterpretes, tu eres tu, yo soy yo, somos diferentes personas, a pesar de que la sociedad no lo vea así. Son cosas de la física, si compartes cuerpo eres el mismo. No quiero saber los dilemas que están por venir en los siguientes decenios…, seguramente darán para muchos papers pero esto es otra historia. Si lo senil no se ensancha conmigo, mis neuronas que he estado entrenando por ti, serán capaces de retener parte de mi historia que sí es parte de la tuya. Míralo así: ésto es una carrera de relevos y yo te pasaré lo mejor de mi, las piernas, los brazos y la cabeza. No sé si será un buen regalo para cuando lo leas, pero lo que cuenta es la intención. Al menos eso dicen.

No te preocupes demasiado, tarde o temprano, a no ser que una desgracia me ocurra, existirás. Digamos que yo te alumbraré y con suerte tu me recordarás cómo un antepasado tuyo que fui. Compartiremos mismo cuerpo, así que intentaré cuidartelo. No sé si lo he hecho fenomenal, a veces me dan por comer Donuts de chocolate y he tenido algún que otro accidente importante. Pero considero que en general, mi corazón late con fuerza y todavía le queda su tiempo para que llegue a ti lo mejor posible en este transplante silencioso y temporal.

Tal cómo hacemos todos cuando somos chiquillos o adolescentes y nos preguntamos porqué nuestros padres actúan de determinada manera y entonces decidimos que cuando seamos grandes nosotros no haremos el mismo error… ¡que estupidez! Excepto en honrosas excepciones, si excluimos esos que disponen de una disco duro digno de exposición, la mayoría no acertamos a guardar tal información por mucho tiempo. Se pierde en este sigiloso camino del crecimiento y maduración de nuestra persona, o debería decir cuerpo. Así que para ahorrarme el fallar, al saber que mi cabeza tiende a despistarse, me ahorro el escribirlo en ese soporte tan volátil llamado materia gris. Prefiero el platino de un CD o el negro del chip que mediante sus circuitos es capaz de almacenar media historia de la humanidad.

No sé cómo serás, sólo sé que heredarás. Por esto si acierto es pura casualidad, porqué lo exacto no existe en este mundo. No obstante para ahorrarme el bochorno de describirte ante unos lectores que no son ni de tu generación simplemente te diré lo que desearía que sí y fueras o hicieras.

Viejo, no te encasilles, por favor. Por lo que tanto he luchado no pase contigo. Es descorazonador comprobar cómo excepto unos pocos afortunados, la gente se encasilla. Lo llaman experiencia… ¡Y es verdad! pero hasta cierto punto. Cuando uno deja de pensar el porque de sus ideas, por mucha que sea la experiencia que apunte en un sentido, eso te amordaza. Ya no eres libre, simplemente un trozo de carne humana que ha escrito con tanta fuerza sus ideas en sus neuronas, que ya no es capaz de divergir en un momento dado. Nada es absoluto, valga la contradicción.

Si consigues eso… habrás sobrevivido por mi. El tiempo dirá, tu hijo mío, tu viejo, tu que me robas mi cuerpo y mente si eres digno de mi herencia o acaso un hijo bastardo. Te deseo lo mejor.

Firmado: El tú de 24 años.

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¿Quieres abrir mi mente?

— Por favor, usted, sí usted, agárreme el pelo. El pelo he dicho, por favor, sí sí estírelo.

El pasajero en dirección al anden se paró.

Con el dedo se apuntaba a sí mismo. “¿Se refiere a mi?”

— Sí, sí, usted, venga por favor —le repetía con ahinco señalándole su caballera—. Coja de aquí, con la mano. ¡Ah!, todavía no, mire que es usted animal. Cuando yo le diga tira con todas sus fuerzas.

Varios viandantes seguían el curso de sus caminos de habas imaginarias. Mientras tanto, el desconocido, un tipo flaco con traje y corbata, le recogía el pelo como si estuviera a punto de hacerse con un ramo de margaritas poco convencionales

—A la una…., a las dos y ¡a las tre…!

— ¡¡¡Aaaahhhh!!! —gritaba en el hombre atado a un traje.

Sssssssshhhhhhh. No ve que me va a alterar alguno de mis circuitos neuronales con estos gritos.

Sentado en el suelo yacía el desconocido sin saber muy bien que decir. Hasta el día de hoy, nunca le había arrancado la parte superior de la cabeza a nadie.

— Usted, acerquese otra vez. No vaya a marcharse con la tapa de mis ideas. Ponga las manos cómo si mis pensamientos verdes le estuvieran escociendo la cara. Así, en efecto, no, acerque un poco más las manos, júntelas. No tan cerca o me contaminará.

Pocos se habían parado ante la escena. Solo un niño, babeando perplejidad a través de su rostro, obsrevaba sin perder detalles de lo acontecido.

WilsonEl melenas era en realidad un viejo que había hecho suya la idea que a la alopecia hay que combatirla con una buena dosis de espíritu hippie. De forma, que lo que en otras eras habría sido una espesa cabellera con la que fabricar un par de cojines, ahora se había transformado en un coco hawaiano con cuatro grisáceos pelos insertados en él. Digamos, para facilitar el cálculo imaginativo del lector, cómo la pelota del Tom Hanks en Náufrago.

— Bien, ha hecho el primer paso. Eso ya es mucho teniendo en cuenta lo pasmado que parecía usted. Échele una ojeada a la sopa.

— ¿A la sopa? —preguntaba el ejecutivo con cara de no comprender el mismo dialecto.

— Anda —arrastrándolo por la manga hacía la parte superior de su coco partido—. ¿Contempla todo este nido de neuronas?

— ¿Esto son neuronas…? —haciendo una mueca de asco ante el espectáculo ante sus ojos. Vale, había algunos pigmentos negros, orbitando en pequeñas circunferencias, pero desde luego se parecían más a cacas de mosca que bigbangs de conocimiento e imaginación.

— ¡Y todas son mías! Con 86 años y todavía tengo un cerebro que ni el suyo —mirándolo con ojos de profesor aposentado.

— Oiga, que yo tengo 28 —le contestaba tan bien cómo sabía herido de orgullo.

La cocotera del señor seguía abierta, mientras unas pocas motas de polvo se había aposentado encima de la masa encefálica que se retorcía con vida propia.

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Quien no se acordará de ese niño típico que sin tomar respiro pregunta algo y a la respuesta del adulto vuelve a preguntar el porqué de tal respuesta. Una curiosidad propia de los niños que están explorando este mundo y no disponen de una experiencia de donde sacar tales respuestas. O a lo mejor es que todavía no han aprendido que esto no se lo pueden plantear todo el rato o acabaríamos muriendo de un síncope filosofal… “O no” dirán algunos.

De vez en mucho me da por comportarme cómo un niño y plantearme la cadena de los porqués hasta que llega un momento en que no puedo avanzar. Por ejemplo…

  1. ¿Por qué no podemos construir edificios 100 veces más grandes con simplemente hacer grúas 100 veces más grandes?
    • Porque los humanos no somos capaces de construir y manejar grúas u otras máquinas 100 veces más grandes de una forma eficiente y fácil.
  2. ¿Pero por qué no podemos usar máquinas 100 veces más grandes de una forma eficiente?
    • Porque hay una dificultad añadida a la hora de manejar cosas que son mucho más grandes que el ente pensante, en este caso la persona.
  3. ¿Por qué no hay seres vivos del tamaño de la Tierra?
    • Porque la Tierra no puede soportar un ecosistema donde un solo individuo sea de su mismo tamaño.
  4. ¿Por qué no hay seres vivos del tamaño de la Tierra en planetas mucho mayores?
    • No sabemos si no los hay.
  5. ¿Por qué no hay seres vivos 10 veces más grandes que el mayor animal nunca existido en la Tierra?
    • Porque una estructura tan complicada como la de un ser vivo es mucho más difícil de sustentarse cuando superan ciertos límites de masa y volumen.
  6. ¿Por qué esos límites están en esos valores concretos y no sucede esto para una pulga?
    • Porque las propiedades de los materiales y sus respectivos valores están fijadas por su estructura molecular interna. (más…)

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Cómo dice el compañero Niki Lauda en el micrófono público que es su boca cuando habla “Me preocupa que si continúa encontrando motivos en otros sitios, y no en su pie derecho, perderá porque Hamilton está haciendo un trabajo perfecto, concentrándose simplemente en su conducción.” en referencia a Fernando Alonso.

Y es que en mi opinión el mundo, este mundo, es uno entre muchos de paralelos. En otra dimensión cómo suele decirse en lenguaje coloquial para que me entendáis, que sino os perdereríais en los tecnicismos de mi máster en metafísica aplicada por la UOC, habitan clones de cada uno de nosotros.

Lector hipotético: ¿Cuantos grados tiene lo que estás tomando?
Servidor vuestro: Aquí no hay alcohol ni diversión. Esto está muerto. Los becarios se han ido o asustados por sus obligaciones orales con los jefes o por finalización del contrato cómo algunos afirmaban.
LH: Debe ser eso…
SV: #@!!$
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Tranquilos. El título no es una indirecta a lo escueta que es nuestra visión del mundo, la galaxia, el universo o el más allá y el más aquí. Se trata de una entrada de rigurosa investigación científica en la cual os explicaré el porqué de mi afirmación.

En esta era tecnológica estamos la mar de acostumbrados a ver como la palabra 3D (tres dimensiones espaciales) le da un sentido chic a cualquier aparato Gafas 3Do instrumento.

Por ejemplo tenemos los cines 3D o Imax que sólo con oír su nombre nos evocan a películas de 2ª categoría o reportajes de naturaleza más gafas semáforo. O bien tenemos las películas de animación de supuestas 3D que se proyectan en pantallas con un “volumen” de 6 x 3 x 0,01 metros.

Así que voy a señalar lo que todos tenemos cómo postulados inquebrantables en nuestras vidas. Somos entes que vemos en 3D, comemos en 3D, follamos en 3D y vamos al lavabo en 3D. En definitiva somos los dioses del 3D. Nuestro mundo es 3D y nosotros lo dominamos y lo transformamos haciendo que le física (en 3D) esté a nuestros pies: “las dimensiones no se pierden o se generan, todo se transforma en 3D si la humanidad lo desea”.

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