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Archive for the ‘Pensamientos’ Category

En lo que uno llama la vida, entiendase desde que su memoria empieza a guardar recuerdos hasta el día en que conscientemente nuestra mente deja de carburar, las personas pasamos buenas y malas épocas. En general esas llamadas épocas, mi infancia, mis años en el instituto, mi época universitaria, el romance de ese verano, el año que viví después de la muerte de mi padre, el día y los que vendrían después de marcharme de mi casa, la crisis de los 30, y así hasta llegar a a la soledad o al jubilo del tiempo libre en la tercera edad, forman grandes bloques en nuestro cerebro y son recordados en gran parte a pesar de sufrir un pequeño desgaste por el discurrir del tiempo. Sin embargo, están destinados a perdurar durante mucho tiempo en nuestro más inconsciente consciente.

Pero hoy no quiero indagar más en esos temas de estado en nuestras mentes, porqué ya de por sí son ampliamente rescatados en varios días del año parar decirnos que son parte de nuestra existencia. Hoy quiero ir a lo efímero, a lo olvidable, a lo etéreo… pero placentero.

Imagínense, después de un día de mucha lluvia con nubes grises, han llegado cansados a casa y no les apetece hacer nada, entonces alguien a quien darían las gracias enciende el fuego del hogar, están tan cansados que se duermen en su sofá mientras el fuego se aviva y chispea echando rescoldos. En nuestras retinas de un sueño soporífero se aviva la imagen rojiza de las llamas incandescentes mientras éste nos caliente la húmeda cabellera proveyendonos de una energía que nos calienta lo más profundo de nuestro ser. Entonces adormecidos pero despiertos al mismo tiempo, por el rabillo del ojo observamos una figura, nuestra novia, nuestra madre o nuestro padre que nos acolcha con una aterciopelada manta. Nos sentimos protegidos, regocijados, percibimos las últimas delicadas gotas de lluvia que caen a fuera a lo lejos como aprisionadas en el cielo abierto. Ya por último caemos en un bello y profundo sueño no sin antes, pensar y olvidar casi al mismo tiempo, que este es un placer por el que vale la pena vivir una vez

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El otro día, hablando con un sujeto que por lo menos, parece tolerar mis ideas y incluso gusta de conversar sobre ellas, salió el tema de las circunstancias. Decía una frase de Ortega y Gasset, que se le cita mucho y me imagino que por alguna razón será, “yo soy yo y mi circunstancia”.

Como podemos entender, no se refería a que fuera mutante y le colgara una “circunstancia” como si tuviera un rabo. Sino se refería a algo más profundo. En realidad, yo afirmo que tiene toda la razón y para colmo todavía enfatizaría más: Si se me permite citar a un tal Descartes (lo he buscado en el Google) que creo también era bastante conocido en su gremio, yo mezclaría un poco de la sintaxis de su famosa cita, el “pienso, luego existo”, para metamorfoesarla en “mi circunstancia, luego yo“.

Lo que viene a contar la frase es que por sobre de todo, estamos increíblemente condicionados por lo que nos rodea. Hasta tal punto creo tal afirmación, que apostaría que solo un 0,01% de lo que piensan los más ávidos es ligeramente incircunstancial. Y eso siendo optimistas. Por lo contrario, mi amigo decía que no podía creer en tal afirmación, porqué como últimos que somos en la cadena de decisión de nuestro cerebro, está nuestro yo que piensa libremente. Eso me gustaría creer pero simplemente no lo comparto. Y para ahondar en lo que yo creo voy a poner las siguiente preguntas:

  1. ¿Estás a favor de la guerra de Irak? Posiblemente digas no. ¿Acaso los americanos tienen un cerebro distinto?
  2. ¿Aceptas la homosexualidad? Posiblemente sí. ¿Es que antes la gente nacía casualmente represora y ahora ha surgido una ola de genes comprensivos?
  3. ¿Por qué en algunos lugares de España gusta mucho el folclore español y en otros no tanto? ¿Es que se pierde la calidad a medida que uno se mueve en el territorio?
  4. Etc, etc.

Porqué me imagino que no diríamos que depende de donde nazca uno, esa persona tiene una mente condicionada por unos genes diferentes que nos hacen pensar diferente. Es factible que el 90% de los que lean esto, piensen que ellos piensan de una forma bastante objetiva. Sin embargo, esto choca con la realidad porqué al final, la sociedad, el conjunto de personas, acostumbra a tener unas opiniones que dependen muchísimo de donde uno viva y en que momento. Uno puede saber com una probabilidad del 90% por decir algo, lo que un individuo piensa aproximadamente sobre diferentes temas sabiendo tan solo el sitio y el tiempo.

En realidad el pensar, es algo tremendamente exiguo desde mi punto de vista. Incluso el que cree estar pensando profundamente posiblemente esté increíblemente condicionado por lo que ha oído/visto/percibido con anterioridad.

Por eso creo que una definición de sabio, de pensador si quieren, es aquel, que si lo pusieramos en momentos y lugares totalmente diferentes, sus ideas no divergerían demasiado. Pero eso es algo tremendamente difícil porqué no me imagino que ideas tendría yo, de la homosexualidad por ejemplo, si hubiera sido acunado por una civilización alienigena.

Así que cuanto más podemos aislarnos de lo que nos rodea, cuanto más nos alejamos de nuestra burbuja, cuanto más altos miramos y pensamos, más profundo es lo que pensamos. Es algo simplemente inalcanzable, un asímptota en lenguaje matemático, pero el correr en esa dirección nos hace más sabios.

Ya por último, yo recomendaría, que cuando quieran hacer una valoración política, un juicio sobre alguien más, cualquier cosa, antes de escuchar a nadie, piensen por dentro como si tuvieran que descubrir la pólvora o la electricidad. Que les duela la cabeza de pensar y de atravesar murallas que protegen parajes mentales no descubiertos. Cuando crean que han caminado todos los caminos que podían plantearse, entonces ya están preparados para escuchar a los demás y abrazar el inseparable amigo llamado circunstancia.



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Tengo la impresión, y por lo tanto puedo equivocarme, que cuando escucho a alguien pro-tener-vástagos-en-esta-vida hablar sobre este tema, lo que hace es hacer bailotear su lengua para que pronuncie el discurso aprendido. Ese discurso que tan bien le va a nuestra raza y que nos permite que no nos extingamos a pesar de las muchas guerras que regalamos a la historia de nuestra Tierra.

El tema en cuestión tan “pronombreado” en el párrafo anterior, es el de tener hijos o pasar de ellos. En realidad todo surge, de cuando ayer, me quedé atolondrado unos segundos mirando a unos amigos jovenes (30 años) de mis padres que tienen un hijo y ya van por el segundo. De allí empecé a divagar y llegué a tener la sensación que ella, por no decir su nombre, ponía por delante a su reciente hijo ante ella misma y su padre.

Claro está, su padre diría emborrachado por el sentimiento que le une ella y que más fuerte se hace cuando duda de ello, que ella, su esposa, la que ha parido la mitad de su genoma, en realidad simplemente se preocupa más del niño que de él porqué es necesario. Pero no es eso a lo que mi mente quiere explicar aquí, si no la idea más profunda, que ella lo había relegado inconscientemente a un papel de solo papá.

¿Por qué me empeño en ver espinas en una bonita margarita?

Las razones simplemente son mis sensaciones. Las que tuve cuando por ejemplo la oí a ella decir papá, al que antes era su novio, su cariño, su el-nombre-que-sea y ahora tan solo se podía referir a él como el que ha hecho un papél en traer a su hijo. Por si no fuera poco, hasta tuve la leva y sutil sensación que ella no lo trataba con cariño. Ya no enviaba uno de esos comentarios bonitos o bromas jocosas que solo la pareja puede llegar a vislumbrar. Ahora tan solo le decía: “¡Oye!, vigila que el niño tira de la manguera y se va a hacer daño”.

Posiblemente nunca se separen, sin embargo, guardo el regusto de que a lo mejor algo se ha perdido en esa pareja. Y a lo mejor no, ojalá sea así para el bien de la pareja y el que nos depara a nosotros, los indecisos solter@s que algún día seguramente nos encontraremos en la encrucijada de si arriesgarnos y creer que puede suceder esto o simplemente optar por romper los moldes de la psicología labrada por milenios de evolución sapiens sapiens.

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