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Archive for the ‘Sensaciones’ Category

En lo que uno llama la vida, entiendase desde que su memoria empieza a guardar recuerdos hasta el día en que conscientemente nuestra mente deja de carburar, las personas pasamos buenas y malas épocas. En general esas llamadas épocas, mi infancia, mis años en el instituto, mi época universitaria, el romance de ese verano, el año que viví después de la muerte de mi padre, el día y los que vendrían después de marcharme de mi casa, la crisis de los 30, y así hasta llegar a a la soledad o al jubilo del tiempo libre en la tercera edad, forman grandes bloques en nuestro cerebro y son recordados en gran parte a pesar de sufrir un pequeño desgaste por el discurrir del tiempo. Sin embargo, están destinados a perdurar durante mucho tiempo en nuestro más inconsciente consciente.

Pero hoy no quiero indagar más en esos temas de estado en nuestras mentes, porqué ya de por sí son ampliamente rescatados en varios días del año parar decirnos que son parte de nuestra existencia. Hoy quiero ir a lo efímero, a lo olvidable, a lo etéreo… pero placentero.

Imagínense, después de un día de mucha lluvia con nubes grises, han llegado cansados a casa y no les apetece hacer nada, entonces alguien a quien darían las gracias enciende el fuego del hogar, están tan cansados que se duermen en su sofá mientras el fuego se aviva y chispea echando rescoldos. En nuestras retinas de un sueño soporífero se aviva la imagen rojiza de las llamas incandescentes mientras éste nos caliente la húmeda cabellera proveyendonos de una energía que nos calienta lo más profundo de nuestro ser. Entonces adormecidos pero despiertos al mismo tiempo, por el rabillo del ojo observamos una figura, nuestra novia, nuestra madre o nuestro padre que nos acolcha con una aterciopelada manta. Nos sentimos protegidos, regocijados, percibimos las últimas delicadas gotas de lluvia que caen a fuera a lo lejos como aprisionadas en el cielo abierto. Ya por último caemos en un bello y profundo sueño no sin antes, pensar y olvidar casi al mismo tiempo, que este es un placer por el que vale la pena vivir una vez

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El otro día fuimos de compras. Lo enfatizo por ser excepción, no debido a nuestra motivación sino porque estamos en cierta medida aislados por la distancia que nos separa del supermercado más cercano.

El “fuimos”consistía en Ralston, étnicamente un nativo de estas tierras que todavía conserva el bigotillo de adolescente estrenado pese a sus 20 añicos, y Cat (Catherina), amiga y navaja suiza de los contactos sociales en el lodge. Íbamos en dirección a la única dirección que conocemos, salir del centro y coger la carretera hasta encontrar la estación de el CalTrain, en Downtown Mountain View.

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Como lleva siendo costumbre estas últimas semanas, hoy he venido en coche a la Autònoma. Pero esta vez la responsabilidad sobre la dirección de las 4 ruedas, no recaía sobre mi habilidad al volante, sino que lo hacía en Georgina, amiga de Òscar, “el gay”.

A ellos los conozco de intentar rodar una película de Final Fantasy VII en nuestra bonita y cerrada Vilafranca. Pero esto son las peras y yo quería contar hoy sobre las manzanas.

Òscar y Georgina vienen a diario a la misma universidad que yo, así que de vez en cuando es posible conciliar nuestros horarios para que se entiendan entre ellos y yo pueda añadirme al 206 de Georgina ahorrando en gasolina, peaje y todo esas cosas que la vida moderna, libre, equitativa y del bienestar nos incitan a gastar caballerosamente.

Él va de paquete como no propietario que es, y ella conduce. Eso no es extraño, sin embargo no puedo dejar de pensar que se adecua perfectamente a lo que ellos son. Porque él, gay (que no siempre significa algo), parece tomar el rol femenino y sentarse de co-piloto, mientras que ella mujer agresiva de aparentes ideas claras parece tomar el rol del macho cabrío conductor.

Mientras Òscar recita, a mitades flemático y amanerado, sus cosas de amigo con ella, ella conduce girando en una redonda a escasos centímetros del conglomerado de piedra del bordillo. Eso ya me sitúa en órbita, pero tampoco me resulta nuevo porqué ya la conocía a ella y a su conducción. Pero hoy, que las galletas de chocolate me han hecho más efecto me muestro más reflexivo y me quedo analizándola para mis adentros, mientras dejo que ellos, postrados en los asientos delanteros, hablen de sus jugadas diarias.

Posiblemente la primera idea que infunde su imagen un poco loba al volante, sea la de una mujer que mejor no chocar con ella. Incluso llega un momento, mientras corremos por el 3er carril de la autopista adelantando a todo bicho mecánico sobre 4 ruedas, que el coche de adelante frena porqué hay uno de la guardia civil aparcado inspirando respeto. Ella espeta que como puede hacer estas burradas de frenar sin motivo aún habiendo los polis cerca. Para explicarse un poco, que no justificarse, nos dice que un día un conductor maloliente piso el pedal del freno porque se encontró un espersor maleducado que le escupió desde la mediana.En estas que Georgina me pregunta a que hora termino. Le digo que alrededor de las 7 y me contesta que ella a las 6. ¡Maravilla!, se me acaba de ofrecer para llevarme de vuelta y así ahorrarme el cansino y largo viaje en tren. Añade que me lo dice porqué dije que yo terminaba tarde… Eso da una vuelta más a la tuerca. Yo no creo que le caiga especialmente bien, es a Òscar a quien le pirripo, así que este acto acaba de simbolizar que tiene un sentido de hacer el bien arraigado en su interior. ¿Exagerado? No, porqué de no haberle preocupado demasiado, o haber preferido no volver conmigo, simplemente hubiera esperado a que yo dijera algo.

Pasamos el peaje de Martorell donde yo les ofrezco mi Visa Electron como recompensa a sus servicios y entonces otros detalles. En vez de devolverle la targeta a Òscar a quien yo se la había dado primero para que se la pasase a ella, se gira y me la devuelve a mi directamente. Es justa, sabe quien ha pagado y me honra devolviéndomela a mi a pesar de estar en el asiento del conductor y yo detrás. Empiezo a convencerme que se trata de una tía de principios.

Así que llego a este punto meditando hasta que punto es ella la dueña de sus sentimientos y todo lo que la rodea, o tiene puntos flacos, cuando llega el momento en que debe girar para dirigirse a Bellaterra, sede de nuestra universidad. Yo, que ya pocas esperanzas albergaba de observar un detalle de debilidad observo algo que me hace pensar. Para eso mejor explico primero la morfología del desvío. El desvío es ligeramente a derechas, con lo que si continúas ligeramente a la izquierda sigues hacia Barcelona. Desde el punto de vista del conductor, a uno le parece que si continúa recto se saldrá de la autopista y bajará aceleradamente hacia un semi-precipicio que llega hasta debajo del puente que es el desvío a la derecha. En otras palabras, no hay peligro, pero infunde la ligera idea que un temblor de parkinson en el momento adecuado te llevaría a probar una experiencia desagradable. Sin embargo, para los más temerosos, hay el carril más externo de los dos carriles que se desvían a la derecha que no presenta el problema de hacer sentir a uno que se puede colar por enmedio. Pero normalmente este es el carril de los camiones, y el segundo el carril de los coches y mucho más de los coches farlopados.

Toda esta introducción es para explicar que cuando ella se dispone a girar a la derecha para ir a Bellaterra, en vez de hacer pisar con fuerza las ruedas sobre el asfalto para dirigirse a toda velocidad, como ha hecho hasta ahora, entra ligeramente en el carril externo evitando psicológicamente el elemento peligroso. ¡Aaahhhh!, esto no es meritorio de alguien que coge el volante con fuerza porqué si algo harías en un caso normal, sería arroparte a la parte izquierda donde hay la mínima distancia de la curva, en vez de a la derecha. Tu inconsciente te ha delatado. Pienso que tu armadura de buena mala ostia y de miradas seguras, esconden también, como todo ser humano, un poco de vulnerabilidad.

Con estas llegamos a Bellaterra donde abandono el carro en dirección al IEEC dispuestos a contaros, a primera hora de la mañana, mi descubrimiento. 🙂

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Tengo la impresión, y por lo tanto puedo equivocarme, que cuando escucho a alguien pro-tener-vástagos-en-esta-vida hablar sobre este tema, lo que hace es hacer bailotear su lengua para que pronuncie el discurso aprendido. Ese discurso que tan bien le va a nuestra raza y que nos permite que no nos extingamos a pesar de las muchas guerras que regalamos a la historia de nuestra Tierra.

El tema en cuestión tan “pronombreado” en el párrafo anterior, es el de tener hijos o pasar de ellos. En realidad todo surge, de cuando ayer, me quedé atolondrado unos segundos mirando a unos amigos jovenes (30 años) de mis padres que tienen un hijo y ya van por el segundo. De allí empecé a divagar y llegué a tener la sensación que ella, por no decir su nombre, ponía por delante a su reciente hijo ante ella misma y su padre.

Claro está, su padre diría emborrachado por el sentimiento que le une ella y que más fuerte se hace cuando duda de ello, que ella, su esposa, la que ha parido la mitad de su genoma, en realidad simplemente se preocupa más del niño que de él porqué es necesario. Pero no es eso a lo que mi mente quiere explicar aquí, si no la idea más profunda, que ella lo había relegado inconscientemente a un papel de solo papá.

¿Por qué me empeño en ver espinas en una bonita margarita?

Las razones simplemente son mis sensaciones. Las que tuve cuando por ejemplo la oí a ella decir papá, al que antes era su novio, su cariño, su el-nombre-que-sea y ahora tan solo se podía referir a él como el que ha hecho un papél en traer a su hijo. Por si no fuera poco, hasta tuve la leva y sutil sensación que ella no lo trataba con cariño. Ya no enviaba uno de esos comentarios bonitos o bromas jocosas que solo la pareja puede llegar a vislumbrar. Ahora tan solo le decía: “¡Oye!, vigila que el niño tira de la manguera y se va a hacer daño”.

Posiblemente nunca se separen, sin embargo, guardo el regusto de que a lo mejor algo se ha perdido en esa pareja. Y a lo mejor no, ojalá sea así para el bien de la pareja y el que nos depara a nosotros, los indecisos solter@s que algún día seguramente nos encontraremos en la encrucijada de si arriesgarnos y creer que puede suceder esto o simplemente optar por romper los moldes de la psicología labrada por milenios de evolución sapiens sapiens.

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